El Real Zaragoza entrena hoy con 10 jugadores menos

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Foto: Real Zaragoza.

El Real Zaragoza ha regresado este miércoles al trabajo para comenzar a preparar el compromiso del próximo domingo ante la UD Las Palmas, pero lo ha hecho de nuevo muy condicionado por una enfermería y una lista de ausencias que no deja de crecer. El conjunto aragonés sigue inmerso en una semana marcada por la precariedad física de la plantilla y por la sensación de que llega al tramo decisivo del campeonato con demasiados jugadores fuera de combate.

La principal preocupación del cuerpo técnico está ahora en Jawad El Yamiq y Radovanovic, ambos pendientes de pruebas médicas por molestias en los isquiotibiales. A esas dudas se suma también Keidi Bare, que no ha trabajado con el grupo por un esguince en la clavícula. Son tres nombres de peso, especialmente en una plantilla que ya viene muy castigada y que apenas dispone de margen para recomponer su estructura defensiva y su zona ancha.

Además, continúan al margen del grupo varios futbolistas importantes. Rober, Guti y Aguirregabiria han realizado trabajo de gimnasio, lo que confirma que siguen sin estar en condiciones de entrenarse con normalidad sobre el césped. En el caso del delantero andaluz, su estado físico viene siendo una preocupación desde hace semanas, mientras que la ausencia de Guti y Aguirregabiria vuelve a reducir todavía más las opciones de rotación del equipo.

A todo ello se añade la baja ya conocida de Esteban Andrada, expulsado para lo que resta de temporada, una circunstancia que obliga a modificar de nuevo la portería en uno de los momentos más delicados del curso. La lista de ausentes se completa con los lesionados de larga o media duración: Pablo Insua, Mario Soberón, Francho Serrano, Tachi y Valery, ninguno de ellos disponible para entrar en dinámica competitiva a corto plazo.

Así, el Zaragoza arranca la preparación del duelo ante Las Palmas con una fotografía muy preocupante: demasiadas bajas, demasiadas dudas físicas y una plantilla muy lejos de estar en plenitud en el momento en el que más necesitaba estarlo. El entrenamiento de hoy no ha servido para despejar incertidumbres, sino más bien para confirmar que el equipo llega otra vez mermado a una cita que puede resultar determinante.

La imagen es la de un Zaragoza sostenido con alfileres. Con varios titulares entre algodones, otros pendientes de evolución y un buen número de futbolistas fuera de circulación, el margen de maniobra del cuerpo técnico vuelve a ser mínimo. A estas alturas de la temporada, cada entrenamiento parece más una carrera contra el reloj que una preparación normal de partido.

El problema ya no es solo futbolístico. También es físico. Y en un equipo que necesita reaccionar de inmediato, la acumulación de ausencias vuelve a pintar un escenario muy cuesta arriba.