El Zaragoza demuestra que el problema no era solo la plantilla, también era quién la dirigía

0

La victoria del Real Zaragoza ante el Racing de Santander, líder de la categoría, no fue solo un 2-0 valiosísimo en el estadio modular. Fue también una prueba más de algo que muchos llevamos tiempo pensando: el problema de este equipo no estaba únicamente en la confección de la plantilla, sino en la elección de los entrenadores y en la incapacidad del club para dar con alguien que supiera ordenar, exigir y sacar rendimiento a lo que tenía.

Porque conviene recordar de dónde venimos. Hace apenas unas semanas, este Zaragoza parecía un equipo roto, sin alma, sin plan y sin futbolistas aprovechables. Todo era un desastre. Todo parecía mal hecho. La sensación era que no servía nadie, que la plantilla era un solar y que cada mercado había sido otro fracaso más. Pero llega David Navarro, empieza a tocar cuatro cosas, simplifica el mensaje, ordena al equipo, da confianza a unos, aprieta a otros y, de repente, aparecen jugadores que parecían perdidos.

Ahí está el caso de Aguirregabiria, de Keidi Bare, de Saidu, de Dani Gómez, de Larios, de El Yamiq, de Robert. No puede ser casualidad que con unos entrenadores todos parezcan malos y que con otro varios de ellos recuperen nivel, sentido y utilidad. Claro que la plantilla tiene carencias. Claro que este equipo está mal construido en varias posiciones. Pero también parece evidente que durante demasiado tiempo el Zaragoza ha elegido mal a las personas que debían dirigir ese vestuario.

A mí esta victoria ante el Racing me refuerza mucho esa idea. El Zaragoza ganó al líder siendo reconocible, sabiendo lo que quería hacer y sabiendo cómo incomodar al rival. No ganó por inspiración divina. Ganó porque hubo un entrenador que estudió el partido, detectó por dónde hacer daño y colocó a su equipo para tapar las virtudes del Racing y explotar sus debilidades. Así de simple. Así de importante.

Y eso lleva a una conclusión incómoda para el club. Si en cuatro o cinco partidos David Navarro ha sido capaz de elevar el rendimiento colectivo, de devolver competitividad al equipo y de cambiar incluso el clima emocional, entonces es que antes no se estaba haciendo bien. No hablo de milagros ni de convertir una mala plantilla en una gran plantilla. Hablo de algo mucho más terrenal: tener una idea clara, transmitir una cadena de mando y hacer que cada jugador entienda su papel.

También creo que la llegada de gente que conoce la casa y entiende lo que significa el Zaragoza ha ayudado. No solo por táctica o por preparación física, sino por autoridad, por sentido común y por claridad. A veces no hace falta inventar nada. Hace falta mandar, convencer y no regalar un minuto ni una camiseta a quien no esté dispuesto a competir.

El Zaragoza sigue en una situación delicada y todavía no ha hecho nada definitivo. Pero sí ha demostrado algo importantísimo: aquí había más equipo del que parecía. Lo que faltaba era alguien capaz de construirlo.