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David Navarro se despide con resignación tras otra derrota: “El partido ha sido como reflejo de la temporada”

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David Navarro compareció tras la derrota del Real Zaragoza frente al Málaga con un discurso marcado por la resignación, la tristeza y la sensación de que el equipo cerró el curso exactamente como lo había recorrido durante tantos meses: sin consistencia, sin gol y sin capacidad de cambiar su destino. El técnico blanquillo, ya sin objetivo deportivo y con el descenso consumado, admitió que la última imagen del equipo no puede dejar una lectura positiva.

No sé cómo calificarlo, al final el partido ha sido como reflejo de la temporada”, resumió el entrenador, que reconoció que el Zaragoza volvió a dejar algún detalle rescatable, pero sin traducirlo en verdadero peligro. “Hemos hecho alguna cosa bien, pero al final no hemos conseguido sacar remates a portería”, añadió, en una reflexión que conectó el partido de este domingo con la tónica general del año.

Navarro insistió en que, más que buscar una despedida brillante, el objetivo mínimo era evitar una imagen indigna en una semana muy delicada para todos los que rodean al club. “Hoy era, pues eso, no hacer el ridículo más que dignidad, no hacer el ridículo”, afirmó. Y en ese contexto, entendió que el equipo al menos logró mantenerse en pie ante un rival que llegaba lanzado: “Hoy era un partido muy difícil, y además contra un rival con el que se está jugando y los números que traía de golear en Eibar, en Ceuta”.

Uno de los asuntos sobre los que más profundizó el técnico fue el de los continuos problemas físicos que han acompañado al Zaragoza durante toda la temporada y que también condicionaron este último encuentro. La lesión de Radovanovic, el cambio obligado en la portería y los reajustes defensivos volvieron a alterar los planes. Aunque evitó señalar directamente a los futbolistas, sí recordó que desde su llegada avisó de la necesidad de estabilizar la zaga. “Dije que era imprescindible que eso no sucediera, que era muy importante el tema de tener una pareja de centrales sostenible o estable en el tiempo”, recordó.

El entrenador lamentó especialmente que las lesiones se hayan cebado en una zona tan concreta del campo. “Si se lesionan los centrales, el problema se agrava”, explicó, apuntando que ese desequilibrio obligó incluso a mover piezas que estaban funcionando en otras posiciones, como Saidu en el centro del campo. En ese análisis, tiró de una frase que ya había utilizado en otras comparecencias para resumir la sensación de fatalidad que le ha acompañado estos meses: “Cuando toca, ni aunque te quites, y cuando no toca, por mucho que te pongas”.

Navarro también dejó entrever su malestar con algunas decisiones arbitrales, no solo por el penalti del 0-2, que evitó juzgar de forma concluyente, sino por el contexto general en el que se ha movido el equipo en las últimas semanas. “No entro a valorar si es penalti o no es penalti, no entro a valorarlo porque no lo he visto repetido”, dijo primero, aunque acto seguido dejó clara su frustración: “Con las jugadas que no nos han pitado a nosotros, pitarnos ese penalti hoy”. Incluso cuestionó la necesidad de prolongar tanto el partido: “O dar cinco de descuento. ¿Qué necesidad?”.

En cuanto al ambiente vivido en La Romareda y la convivencia con la afición del Málaga, el técnico reconoció el buen comportamiento general entre ambas hinchadas, aunque dejó claro que para el zaragocismo no había nada que celebrar. “Fiesta hoy, fiesta es para el Málaga, a nosotros es un desastre de temporada, nosotros no hay nada positivo”, afirmó con crudeza. Aun así, asumió como lógica la dureza del castigo recibido desde la grada: “Creo que la afición hace lo que considera, lo que tiene que hacer y ya está, y nosotros pues a aprender y a apachugar con ello”.

Con esta última derrota, David Navarro cerró una etapa al frente del primer equipo en la que nunca logró corregir una deriva que venía de lejos. Sus palabras tras el partido dejaron una sensación de impotencia contenida: la de un entrenador que admite errores, que se sabe parte del fracaso, pero que también entiende que el Zaragoza terminó donde terminó porque nunca dejó de parecerse, incluso en su adiós, a ese equipo frágil e incompleto que ha atravesado toda la temporada.