Ibai Gómez gana crédito al corregir a tiempo el plan del Real Zaragoza

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Ibai Gómez salió reforzado del triunfo del Real Zaragoza ante el Antequera por una razón que va más allá del resultado: el entrenador fue capaz de modificar el partido después de una primera parte deficiente. El equipo comenzó con un planteamiento previsible, sufrió para progresar por dentro y permitió que el rival controlara buena parte del encuentro, pero reaccionó tras el descanso con cambios que alteraron el escenario.

Una primera parte demasiado previsible

El análisis realizado en Café con Goles situó el principal problema en la repetición de algunas ideas utilizadas en la jornada anterior frente al Nàstic. El Zaragoza intentó volver a encontrar pases filtrados por el centro, pero el Antequera había estudiado esa vía y cerró los espacios interiores. La presión y la organización del rival impidieron que los futbolistas aragoneses recibieran con comodidad en zonas de creación.

La consecuencia fue un equipo con dificultades para dar continuidad a sus ataques. Pau Sanz recibió menos en posiciones centrales y los extremos quedaron obligados a asumir más responsabilidad. Cuenca, según el debate, sufrió especialmente en un contexto de juego estático, mientras que Vadillo fue uno de los jugadores que más intentó dar salida al equipo por la banda.

El Antequera no necesitó dominar de forma permanente para incomodar. Le bastó con proteger el centro, cerrar líneas de pase y aprovechar los problemas del Zaragoza para mover el balón. La categoría, se recordó durante el programa, concede mucha importancia al trabajo táctico, y los rivales pueden compensar sus carencias individuales con preparación y disciplina.

Los cambios modificaron el partido

La valoración positiva sobre Ibai Gómez llegó por su capacidad de intervenir. Los tertulianos destacaron que, tras reconocer que el planteamiento inicial no había funcionado, el técnico introdujo cambios que sí alteraron el desarrollo del encuentro. La segunda parte fue diferente: el Zaragoza encontró más espacios, acumuló jugadores en zonas de ataque y aumentó su capacidad para llegar por fuera.

Sangali fue uno de los nombres más destacados. Su entrada aportó energía, recorrido y profundidad. También se valoró el impacto de Ureña y Pereira, especialmente cuando el Antequera empezó a acusar el desgaste y aparecieron metros para correr. Los cambios no fueron considerados un simple relevo de piezas, sino una modificación real de las condiciones del partido.

El equipo aprovechó además la amplitud que podían ofrecer sus laterales. La posibilidad de que Sangali o Pereira actuaran con una función más ofensiva permitió liberar a los extremos y multiplicar las alternativas: centros laterales, combinaciones hacia dentro y ataques por fuera. Esa variedad fue una de las señales positivas que dejó el encuentro.

Reconocer el error como elemento diferencial

El debate también puso el foco en la actitud pública del entrenador. Los analistas concedieron valor a que Ibai explicara en rueda de prensa el error de la primera parte y la manera de corregirlo. En un contexto en el que, según se comentó, los entrenadores suelen limitarse a hablar de cambios de cromos, la intervención durante el partido fue interpretada como una señal diferente.

Eso no significa que el técnico haya resuelto todas las dudas. El programa señaló que al Zaragoza todavía le faltan automatismos y que el equipo puede ser demasiado reconocible si no desarrolla alternativas suficientemente trabajadas. Ibai parece querer aplicar únicamente aquello que el grupo ha entrenado con garantías, pero esa prudencia puede hacer que el equipo sea más fácil de leer durante las primeras jornadas.

La cuestión será comprobar si la corrección ante el Antequera tiene continuidad. El entrenador dispone de una plantilla con perfiles distintos en las bandas y en el centro del campo, pero deberá decidir cómo combinar esas piezas sin perder equilibrio. También tendrá que encontrar una solución para los partidos en los que el rival cierre el centro y obligue al Zaragoza a atacar con paciencia.

Un crédito ganado, no un cheque en blanco

La lectura final fue positiva, aunque prudente. Ibai Gómez ganó crédito porque intervino y porque sus decisiones mejoraron las prestaciones del equipo, pero todavía debe demostrar que puede anticiparse a los problemas y evitar que el Zaragoza entre en los partidos con un plan demasiado fácil de neutralizar.

La victoria ante el Antequera ofrece una base para trabajar. El resultado permite corregir desde la confianza y no desde la urgencia, mientras que la reacción del equipo demuestra que existen recursos en el banquillo. El siguiente reto será convertir esa capacidad de respuesta en una identidad más completa: un Zaragoza capaz de imponer su plan desde el inicio y, cuando no funcione, de cambiarlo sin esperar a que el partido se complique.