Albert Cruells: «El eclipse no va a cambiar nuestra vida, pero puede ayudarnos a mirar nuestras propias sombras»

Albert Cruells desarrolla su actividad en el ámbito del crecimiento personal, la Psicología Transpersonal y la formación de terapeutas. A través de la Escuela Holística Transpersonal imparte cursos, talleres, retiros y charlas centrados en el autoconocimiento, la autoobservación y los procesos de transformación personal.

Con motivo del eclipse, Cruells propone alejarse tanto de las interpretaciones mágicas como de las visiones catastrofistas y contemplar el fenómeno desde otra perspectiva: como un símbolo que puede invitarnos a observar nuestras propias luces y sombras. Para él, el verdadero cambio no se produce durante los minutos que dura un eclipse, sino en lo que cada persona sea capaz de hacer después con esa reflexión.

—Desde una perspectiva holística, ¿qué puede representar un eclipse?

—Se habla mucho de los eclipses como momentos de grandes cambios, de buenas o malas energías o de acontecimientos especiales. Yo creo que es algo bastante más profundo y, a la vez, más sencillo.

La lectura que hago es que la luz siempre puede imponerse a la oscuridad, pero también que la oscuridad existe y, en determinados momentos, puede eclipsar esa luz. Y eso podemos trasladarlo a nosotros mismos.

Todos tenemos sombras, miedos y partes inconscientes. El eclipse nos permite ver simbólicamente que incluso algo tan poderoso como el Sol puede quedar momentáneamente oculto. Pero la luz no desaparece. Después vuelve a surgir.

—¿Puede convertirse entonces en un momento de reflexión o incluso de renacimiento?

—Puede serlo si somos capaces de tomar el eclipse como un símbolo y hacerlo consciente. Puede abrirnos a una reflexión profunda sobre nuestras propias sombras.

Tenemos que comprender que no somos ni todo lo maravilloso que a veces aparentamos ni todo lo desastroso que en ocasiones pensamos que somos. Dentro de nosotros hay muchas cosas: miedo, egoísmo, envidia, confianza… Forman parte de nosotros y debemos aprender a observarlas y trabajar con ellas.

—¿Sería, por tanto, un buen momento para cambiar aquello que no nos gusta de nosotros mismos?

—Aquí haría una distinción importante. No es el momento en el que vamos a cambiar, sino un momento en el que podemos tomar conciencia de aquello que necesitamos cambiar.

Si pensamos que porque durante unos minutos sucede un eclipse nuestra vida va a transformarse, probablemente no hagamos nada. El verdadero trabajo está después y forma parte de nuestro día a día.

—¿Tampoco hablaría de cerrar etapas coincidiendo con el eclipse?

—No. No podemos cerrar una etapa de nuestra vida en los dos minutos que puede durar un fenómeno como este. Lo que sí podemos hacer es tomar conciencia de que existen determinadas cosas en nosotros que tenemos que modificar o dejar atrás.

El eclipse puede ser el punto que provoque esa reflexión, pero el proceso viene después.

—Hay quien puede pensar en aprovecharlo para iniciar un nuevo camino, tomar una decisión o poner en marcha un proyecto. ¿Cree que el eclipse puede ejercer alguna influencia sobre nosotros?

—Mi opinión es que no. Estamos hablando de un momento puntual.

No creo que el eclipse vaya a proporcionarnos una fuerza determinada para comenzar un proyecto ni que vaya a cambiar por sí mismo nuestras circunstancias. Otra cosa es que la reflexión que hagamos a partir de esa experiencia nos lleve a tomar determinadas decisiones.

Pero entonces el cambio no lo habrá provocado el eclipse. Lo habremos provocado nosotros al hacernos conscientes de algo.

—Entonces, ¿dónde estaría realmente su importancia?

—En el simbolismo. En poder observar fuera algo que también podemos encontrar dentro de nosotros.

Vemos cómo la Luna, siendo muchísimo más pequeña que el Sol, puede llegar a taparlo durante unos instantes. Sin embargo, la luz sigue estando ahí y vuelve a aparecer.

Podemos trasladar esa imagen a nuestra propia vida. Hay miedos, pensamientos o aspectos inconscientes aparentemente pequeños que, en determinados momentos, pueden llegar a eclipsar nuestra propia luz.

Por eso creo que debemos atrevernos a mirar nuestras sombras.

—Usted relaciona también el eclipse con diferentes formas de entender el tiempo. ¿A qué se refiere?

—Habitualmente vivimos instalados en un tiempo lineal, cronológico. Es el tiempo de los minutos, de los segundos, de los horarios, de la productividad, de todo aquello que tenemos que hacer. Es lo que los griegos relacionaban con Chronos.

Pero podemos hablar también de Kairos, de un tiempo que podríamos considerar más sensorial. Es el tiempo de aquello que sentimos, de la intuición, de la experiencia que estamos viviendo y que no podemos medir de la misma manera.

Creo que el eclipse puede contemplarse desde ese segundo concepto. No únicamente preguntándonos cuánto dura, sino observando qué sentimos y qué puede provocar en nosotros la experiencia de ver cómo todo se oscurece y después vuelve a aparecer la luz.

—Habla mucho de nuestras “sombras”. ¿Qué significa exactamente mirar hacia esas sombras?

—Significa atrevernos a observar partes de nosotros mismos que muchas veces preferimos no ver.

No hablo de la oscuridad desde un punto de vista dramático o trágico. Estoy hablando de nuestros miedos, de determinados comportamientos, del inconsciente o del subconsciente, dependiendo del lenguaje que queramos utilizar.

Es imprescindible observarlo. Porque esas partes también están en nosotros.

El eclipse simplemente nos pone delante de los ojos una imagen muy potente que podemos utilizar para comprenderlo.

—¿Puede ser un buen momento para la meditación o la introspección?

—Sí. Puede ser un buen momento para mirar hacia dentro y preguntarnos qué tenemos que revisar, sobre qué debemos meditar o qué necesitamos mover en nuestra vida.

Podemos utilizar esa imagen del Sol y de la sombra y preguntarnos cuáles son nuestras propias luces y cuáles nuestras sombras.

Pero insisto: eso no debería limitarse al día del eclipse. El verdadero trabajo es cotidiano.

—Alrededor de los eclipses aparecen también interpretaciones relacionadas con energías positivas o negativas. ¿Qué piensa de ellas?

—Creo que tampoco debemos irnos a esos extremos. Ni pensar que el eclipse va a transformarnos mágicamente ni entrar en el miedo pensando que existe una energía de la que tenemos que protegernos.

Yo prefiero darle importancia desde el simbolismo. Observar lo que ocurre y utilizarlo como una imagen en la que podemos vernos reflejados.

No debería quedarse simplemente en la curiosidad de decir: “Qué bonito, he visto un eclipse”. Pero tampoco convertirlo en algo que no es.

—¿Cómo recomendaría entonces vivir una experiencia como esta?

—También desde la curiosidad, por supuesto. Es un fenómeno extraordinario y hay que disfrutarlo.

Pero además podemos intentar estar realmente presentes. Hoy tenemos tendencia a querer grabarlo todo, fotografiarlo todo y compartirlo todo, y podemos terminar perdiéndonos precisamente aquello que estamos intentando conservar.

Creo que merece la pena vivir el momento, observarlo y, si queremos, utilizar después esa experiencia para reflexionar.

Al final, el eclipse dura muy poco. La reflexión que puede dejarnos puede durar mucho más.

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