El Real Zaragoza ya ha empezado a poner negro sobre blanco la profunda reconstrucción de su plantilla tras el descenso a 1ª RFEF. Y lo ha hecho con un mensaje contundente de Lalo Arantegui, que ha detallado el enorme cambio que sufrirá el vestuario blanquillo de cara a la próxima temporada. El balance es demoledor: una larga lista de futbolistas que no continuarán, una única renovación ya cerrada y cinco incorporaciones confirmadas para empezar a levantar el nuevo proyecto.
La primera conclusión es evidente. El Zaragoza 2026-27 poco tendrá que ver con el que ha consumado el golpe deportivo más duro de su historia reciente. La limpia es masiva y afecta prácticamente a todas las líneas del equipo.
En el capítulo de salidas, Lalo Arantegui ha distinguido tres grupos. Por un lado, los jugadores que terminan contrato y no seguirán en el club: Aguirregabiria, Insua, El Yamiq, Pomares, Guti, Toni Moya, Mawuli, Sinan Bakis, Soberón y Agada. Una lista extensa, con nombres de peso dentro del vestuario, aunque también con varios futbolistas cuyo rendimiento ha quedado muy lejos de lo que se esperaba.
A ellos se suman los que finalizan su cesión y regresan a sus clubes de origen: Andrada, Adrián Rodríguez, Juan Larios, Paul Akouokou, Cumic, Rober González y Kenan Kodro. En este bloque hay casos muy distintos. Algunos apenas han dejado huella, otros sí ofrecieron momentos puntuales de competitividad, pero ninguno formará parte del nuevo inicio en Primera Federación.
El tercer grupo lo forman los jugadores que quedan desvinculados tras el descenso, una consecuencia contractual que también evidencia hasta qué punto el club había construido una plantilla pensada exclusivamente para el fútbol profesional. Ahí aparecen Radovanovic, Keidi Bare, Paulino, Sebas Moyano, Valery y Dani Gómez. Son seis nombres más que abandonan automáticamente la disciplina zaragocista, cerrando así una etapa marcada por la decepción colectiva, la irregularidad y, en muchos casos, una sensación permanente de fracaso.
En medio de esa desbandada, la primera continuidad confirmada es la de Tachi, que renueva por una temporada. Se trata de una decisión significativa, no tanto por el cartel del futbolista como por el mensaje que transmite: el Zaragoza quiere empezar a definir cuanto antes quiénes formarán parte del nuevo bloque y quiénes no.
Además, Lalo Arantegui ya ha confirmado cinco fichajes. El primero es Jaume Jardí, atacante de 23 años que firma por tres temporadas. Se trata de una apuesta de presente y futuro, un perfil ofensivo joven con margen de crecimiento y con la intención de convertirse en una pieza importante del nuevo proyecto.
También llega Rubén Díez, centrocampista de 32 años, un futbolista con experiencia y conocimiento del fútbol español que está llamado a aportar madurez, criterio y mando en una categoría muy exigente.
Otro de los nombres propios es Peter Ademo, centrocampista procedente del Sheriff Tiraspol, que firma por cuatro temporadas. Es, seguramente, una de las apuestas más a medio plazo de este primer bloque de incorporaciones y un fichaje que apunta a una idea muy clara: buscar jugadores con recorrido y capacidad de crecimiento, no solo soluciones inmediatas.
En defensa, el club incorpora a Raúl Pereira, lateral izquierdo que llega como traspasado procedente del Cádiz, una operación que demuestra que el Zaragoza quiere reforzar una posición especialmente delicada tras el cierre de ciclo de varios futbolistas.
Y para la portería se confirma la llegada de Anartz Peña, uno de los nombres que ya había aparecido en la órbita blanquilla y que será una de las caras nuevas en una demarcación que también sufrirá una transformación total.
Con todas estas decisiones, el mensaje de fondo es nítido. El Real Zaragoza no va a retocar la plantilla: va a rehacerla casi por completo, siendo los canteranos los pilares. El descenso ha provocado una ruptura total con el modelo anterior y obliga a construir un vestuario nuevo, con menos lastre, menos contratos heredados y, al menos sobre el papel, más adaptado a las exigencias de la 1ª RFEF.
Ahora faltará lo más importante: acertar. Porque una lista larga de salidas puede sonar a regeneración, y una batería de fichajes puede invitar al optimismo, pero nada de eso garantiza por sí solo el éxito. El Zaragoza ya no vive de nombres ni de escudos. En la nueva categoría necesitará competitividad, hambre, personalidad y rendimiento inmediato. Y eso, después del trauma vivido, será lo que de verdad juzgue el zaragocismo.






