El futuro de Francho se complica: su ficha y la política de recortes acercan su salida del Real Zaragoza

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El futuro de Francho Serrano en el Real Zaragoza vuelve a estar en el centro del debate. La ausencia del centrocampista en la convocatoria ha disparado los rumores y, según la información comentada en las últimas horas, su continuidad estaría muy comprometida. La sensación es clara: Francho estaría más fuera que dentro del club blanquillo.

La situación no parece responder a un problema deportivo. El cuerpo técnico quiere al jugador y, según se ha apuntado, Ibai Gómez también contaría con él. La dificultad estaría en otro lugar: la nueva propiedad considera que su ficha es demasiado elevada para el contexto actual del Real Zaragoza en Primera Federación.

El dato que se maneja es contundente: una ficha cercana a los 700.000 euros, una cantidad que el club entendería como inasumible en la categoría. Además, dentro de esa operación aparece un elemento especialmente llamativo: una parte muy importante del salario anual iría destinada a la agencia de representación del futbolista. Según se ha contado, de esos 700.000 euros, unos 200.000 corresponderían a los representantes.

Ese punto cambia la lectura del caso. No se trataría solo de que Francho tenga una ficha alta, sino de que la estructura de su contrato encarece todavía más la operación para el Real Zaragoza. Y en un club recién descendido, que arrastra problemas económicos y que está aplicando una política de contención, esa cifra se ha convertido en un obstáculo casi definitivo.

Conviene dejar algo claro: Francho no tiene la culpa de haber firmado un buen contrato. Un futbolista busca las mejores condiciones posibles, como haría cualquier trabajador. El problema, si se confirma esa estructura económica, estaría más bien en la gestión que permitió firmar una renovación de esas características en un momento de máxima tensión deportiva e institucional.

Aquella renovación, cerrada en la etapa de Fernando López, se interpretó en su momento como un golpe de efecto. El club necesitaba transmitir confianza, zaragocismo y compromiso en una situación muy delicada. Pero ahora, con el equipo en Primera Federación y una nueva propiedad mirando cada euro, aquellas condiciones se han convertido en una pesada losa.

La paradoja es dolorosa. Francho es un jugador de casa, un futbolista que ha dado la cara en momentos complicados, que se ha jugado la salud, que ha representado una parte importante de la identidad reciente del club y que siempre ha sido visto como alguien comprometido con el escudo. Su posible salida no sería traumática únicamente desde el punto de vista deportivo, pero sí tendría una carga emocional evidente.

El Real Zaragoza lleva semanas hablando de raíces, identidad y reconstrucción. Por eso, una salida de Francho en estas condiciones sería difícil de digerir para una parte de la afición. No tanto porque el equipo no pueda sobrevivir futbolísticamente sin él, sino por lo que simboliza: otro jugador formado en casa que puede marcharse mientras el club busca soluciones externas para completar la plantilla.

La planificación deportiva también queda condicionada. Lalo Arantegui había repetido que, si salía un jugador, llegaría otro; si salían dos, llegarían dos. Ibai Gómez, por su parte, habló tras el Memorial Carlos Lapetra de la necesidad de incorporar tres piezas. Sin embargo, la realidad podría acabar reduciendo el margen: ahora mismo todo apunta a que faltarían un central y un delantero, y que la llegada de un tercer refuerzo dependerá de cómo se resuelvan las salidas.

En ese escenario aparece también el nombre de Iranzo, central del Valencia que ya estuvo sobre la mesa y que en su momento habría sido frenado por la nueva propiedad por una cuestión económica. Ahora, sin embargo, se apunta a que su llegada al Real Zaragoza podría estar encarrilada. Sería una de las piezas pendientes para completar la defensa.

El caso Francho también deja al descubierto el estilo de la nueva propiedad. Desde su llegada, se ha percibido una política de tijera: control salarial, revisión de operaciones y freno a fichajes que se consideren fuera de los nuevos parámetros económicos. Esa prudencia puede ser comprensible en Primera Federación, una categoría en la que los desvaríos financieros pueden tener consecuencias graves. Pero también genera dudas si esa contención termina debilitando al equipo o alejando a futbolistas identificados con el club.

La pregunta de fondo es incómoda: ¿está el Real Zaragoza reconstruyendo con criterio o simplemente recortando? En el caso de Francho, ambas lecturas pueden convivir. Es lógico pensar que 700.000 euros son difíciles de asumir en Primera Federación. Pero también es legítimo preguntarse si la salida de un jugador de casa se está gestionando con la sensibilidad que merece.

A día de hoy, no hay confirmación oficial de una salida pero el ruido es cada vez mayor y la información que circula apunta a una salida muy avanzada.

Francho está en una encrucijada. El cuerpo técnico lo quiere, el jugador podría haber estado dispuesto a renegociar, pero la propiedad no parece dispuesta a asumir su contrato actual. Si no hay un acuerdo económico que acerque posturas, su etapa en el Real Zaragoza puede estar cerca de terminar.

Y si termina, no será una salida cualquiera. Será la marcha de otro futbolista de la casa en el momento en que el club dice querer recuperar sus raíces. Por eso el caso Francho no es solo una cuestión de ficha. Es una prueba de coherencia para el nuevo Real Zaragoza.