Hay que ganar. Lo demás son brindis al sol

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El Real Zaragoza ha comenzado la temporada como terminó demasiadas veces la anterior: perdiendo. Y en este club, en esta categoría y después de todo lo ocurrido, convendría entender cuanto antes que ya no queda demasiado espacio para las explicaciones.

El entrenador terminó satisfecho con el juego de su equipo. Tanto, que aseguró que jugando así el Real Zaragoza ganará 19 de cada 20 partidos. Ojalá tenga razón. Sería una magnífica noticia. El problema es que el primero de esos veinte ya se ha perdido.

Y si el único objetivo posible esta temporada es ascender, cada partido perdido representa una oportunidad menos.

No hay más.

Puede hablarse de posesión, de ocasiones, de dominio, de sensaciones positivas, de merecimientos o de todo aquello que habitualmente forma parte del análisis posterior a un encuentro. Pero la clasificación no entiende de sensaciones. Entiende de puntos.

Y el Real Zaragoza tiene cero.

Así no se asciende.

Tampoco parece de recibo que un equipo que pretende dominar una categoría reciba un gol prácticamente cuando todavía se están acomodando los espectadores en sus asientos. Encajar en el primer minuto de partido significa que algo no se ha hecho bien. Puede ser concentración, planteamiento, tensión competitiva o simplemente un error puntual. Pero alguien deberá analizarlo porque después de perder la categoría el margen para determinadas concesiones debería haberse terminado.

Este Zaragoza no está para conceder nada.

Está para ganar.

Quizá convenga mirar precisamente hacia Huesca. Sin entrar en debates sobre si el penalti que decidió su partido fue más o menos discutible, el resultado ofrece una enseñanza bastante sencilla: ganó y dejó su portería a cero.

Tres puntos.

Eso es exactamente lo que necesita el Real Zaragoza.

No le van a entregar ningún premio por jugar mejor que el rival si después termina perdiendo. Tampoco por acumular ocasiones, generar buenas sensaciones o merecer un resultado diferente. La Primera Federación será seguramente una competición áspera, incómoda, con partidos cerrados y encuentros que habrá que sacar adelante muchas veces sin brillantez.

Hay que asumirlo.

Porque el Real Zaragoza no está aquí para demostrar que juega mejor que sus adversarios. Está aquí para salir de esta categoría cuanto antes.

Que un club de su historia esté compitiendo en el tercer escalón del fútbol español, fuera del fútbol profesional, constituye ya una enorme deshonra deportiva para quienes permitieron que se llegara hasta aquí. Esa responsabilidad pertenece al pasado reciente y nadie debería olvidarla.

Pero desde el momento en que comenzó esta temporada aparece también una responsabilidad nueva.

La de los nuevos jugadores.

La del nuevo entrenador.

Y la de la nueva directiva.

Ellos no son responsables de haber descendido al Real Zaragoza. Pero sí serán responsables de conseguir —o no— devolverlo al fútbol profesional.

Por eso la exigencia tiene que existir desde la primera jornada y no desde noviembre, enero o abril.

Ya escuchamos demasiadas explicaciones la temporada pasada. Partidos que se merecieron ganar y se empataron. Partidos que se merecieron empatar y se perdieron. Errores individuales. Mala suerte. Falta de acierto. Decisiones arbitrales. Lesiones. Calendario. Nervios.

El resultado final de todas aquellas explicaciones lo conocemos perfectamente.

Descenso.

Sería un error gigantesco empezar ahora a recorrer el mismo camino intelectual, aunque esta vez desde una categoría inferior.

Seguramente el entrenador tenga motivos para estar satisfecho con determinados aspectos del juego. Y seguramente haya elementos positivos sobre los que construir un equipo competitivo. Una cosa no contradice la otra.

Pero en el Real Zaragoza de esta temporada la vara de medir tiene que ser mucho más sencilla.

Ganar.

Ganar cuando se juega bien.

Ganar cuando se juega mal.

Ganar partidos brillantes y ganar partidos horribles.

Ganar por tres goles o ganar con un penalti discutido en el minuto noventa.

Porque ascender no será una cuestión estética.

Será una cuestión de puntos.

La temporada acaba de empezar y sería absurdo convertir una derrota en una tragedia. Quedan muchísimos partidos y tiempo de sobra para corregir errores. Pero precisamente porque acaba de empezar conviene fijar desde ahora cuál debe ser el nivel de exigencia.

El Real Zaragoza no puede acostumbrarse a perder en Primera Federación.

Ni siquiera jugando bien.

Después de todo lo que ha ocurrido, las buenas palabras ya no bastan.

Hay que ganar.

Lo demás son brindis al sol.