He leído distintas cifras, pero todas abultadas, desde setecientos a más de mil. Son los asesores que asisten al actual presidente del Gobierno, el más asesorado de toda la etapa democrática. Una pasta. Eso es mucho dinero. No sé si todos caben y trabajan en el complejo de La Moncloa o teletrabajan, pero me parecen muchos. Porque entonces, ¿para qué están los funcionarios de la Administración General del Estado? Es verdad que éstos, los funcionarios, deben actuar con profesionalidad -que será, supongo, lo que el presidente del Gobierno exigirá también a sus asesores-, pero, ¡ay!, también con independencia y neutralidad política, que no es exactamente lo que requiere de sus asesores, sino todo lo contrario. Los funcionarios, al menos los neutrales e independientes, no le valen. Imagino que entre esos asesores, todos ellos grandes profesionales, habrá politólogos, sociólogos, estadísticos especializados en la interpretación de esos sondeos continuos que han dado en llamar trakings, expertos en marketing político, comunicación e imagen, publicistas y expertos en psicología de masas y, sobre todo, guionistas. Y, me olvidaba, maquilladores. Pero además, hay una nutrida tropa de periodistas que no cobran directamente sus nóminas del capítulo presupuestario de Presidencia, pero sí indirectamente de empresas de comunicación subvencionadas, y que son los encargados de difundir las consignas que les llegan de Moncloa. Recuerdo que en mi juventud, cuando había pocas cadenas de televisión, me enganché, como la mayoría de la población, a algunas de las series de más éxito de la época. Esperábamos el desenlace del nudo argumental no resuelto en el capítulo anterior, pero el nuevo capítulo volvía a dejarnos en suspenso para mantener en vilo nuestra atención hasta el siguiente. Y así sucesivamente. Los guionistas eran muy buenos. No he vuelto a engancharme como entonces. Ahora no veo series. Pero algunas de ellas, seguramente para rentabilizar el éxito, se alargaban innecesariamente, más allá de lo prudente, y los guionistas debían devanarse los sesos para estirar la serie, retorciendo la historia hasta límites absurdos, creando situaciones altamente improbables que no había forma de creerse. Las series pasaron a ser ‘culebrones’. Hoy imagino a los guionistas de La Moncloa en esa misma situación extrema, generando relatos alternativos cada vez que se les cae el anterior. Y últimamente se les caen con una frecuencia que debe resultar angustiosa para ellos, altamente estresante. Y eso que hasta ahora los relatos alternativos les han ido funcionando, tapando con un escándalo el anterior. Pero lo de ahora ha adquirido un ritmo frenético. Sánchez adelantó las elecciones para aprovechar el drama de Maricarmen, la acampada de Sol y el tema de la vivienda (tratando de imputar la responsabilidad de sus ocho años de inactividad a otros, a los fondos buitre y a la oposición que no aprobaba sus decretos). Montse Mínguez y su pareja les destrozaron el relato, a él y a sus guionistas. Inventaron a toda prisa otro nuevo, el partido del amor, sobre una base tan endeble como una declaración pública de amor a su esposa, beso incluido, en un mitin de su partido. Y llegó la tragedia de Urda y algún malvado inventó un lema alternativo, el partido de la muerte, que les destrozó de nuevo el relato. Ahora la culpa es la privatización del servicio ferroviario, pretendiendo hacer olvidar que Adif es una empresa pública, que la red ferroviaria es igualmente pública y que son ellos quienes la gestionan. La dimisión de Óscar Puente ha sido un prodigio de organización, con un giro de guion que ha desconcertado a propios y extraños, tanto que pocos minutos antes del anuncio de dimisión, en la propia sesión de control en que se produjo el anuncio, Pachi López defendía la continuidad del ministro, que a continuación, va y dimite. Y así, se han visto en la obligación de aplaudir a Puente, sin solución de continuidad, su determinación de no dimitir y su decisión de hacerlo, sin tiempo para recomponer la figura. Organizan un mitin en Valencia para recordar a Mazón, y la UCO hace un nuevo registro al domicilio de Ábalos… en Valencia. Estoy empezando a sentir a la vez admiración y lástima por los asesores de Moncloa, a los que además, muy probablemente, les queda poco tiempo de permanencia en su puesto de trabajo. Ahora bien, la experiencia que han adquirido es incalculable. Podrán incorporarlo a su currículum cuando busquen empleo: fui asesor de Sánchez.
Julio Calvo Iglesias Exconcejal del Ayuntamiento de Zaragoza


