El descenso del Real Zaragoza a Primera RFEF puede costar hasta 60 millones a la economía de Zaragoza

El golpe deportivo tendría consecuencias directas en hostelería, comercio, proveedores, medios de comunicación, patrocinadores y en la propia marca de la ciudad

El descenso del Real Zaragoza a Primera RFEF no sería únicamente una catástrofe deportiva. También tendría un impacto económico severo sobre la ciudad y sobre buena parte del tejido empresarial que gira, directa o indirectamente, alrededor del club. La pérdida de categoría supondría la salida del fútbol profesional, una caída brusca de los ingresos audiovisuales y una reducción del atractivo comercial de una entidad que, pese a sus años de sufrimiento deportivo, continúa siendo uno de los grandes activos emocionales, sociales y económicos de Zaragoza.

Las estimaciones sitúan el impacto directo para las empresas zaragozanas entre 21 y 32 millones de euros anuales, mientras que el efecto total sobre la economía local, si se incorporan los efectos indirectos e inducidos, podría elevarse hasta una horquilla de 45 a 60 millones de euros durante el primer año. A esta cantidad habría que añadir una pérdida intangible, pero relevante, en términos de marca ciudad: Zaragoza perdería visibilidad, reputación deportiva y capacidad de proyección nacional.

El primer damnificado sería el propio Real Zaragoza SAD. La caída a Primera RFEF implicaría una reducción drástica de los ingresos por derechos televisivos, patrocinios, abonos, taquilla, palcos, merchandising y acuerdos corporativos. La pérdida directa para el club podría situarse entre 9 y 12 millones de euros anuales, con especial incidencia en la televisión, que pasaría de ser una fuente estructural de financiación a convertirse en un ingreso muy reducido dentro del marco federativo.

Pero el daño no se limitaría a las cuentas del club. Cada partido en La Romareda genera actividad económica en bares, restaurantes, hoteles, taxis, parkings, comercios, proveedores, medios de comunicación y empresas de servicios. El descenso reduciría el número de aficionados visitantes, la intensidad del consumo en los días de partido y el interés publicitario asociado al equipo.

La hostelería sería uno de los sectores más afectados. Los bares y restaurantes próximos al estadio, así como los establecimientos que viven del ambiente previo y posterior a los encuentros, podrían perder entre 2,8 y 5,2 millones de euros al año. Menos público, menos desplazamientos y menos atractivo deportivo significan menos comidas, menos cenas, menos consumiciones y menos movimiento en la ciudad.

El comercio local también sufriría. La venta de productos vinculados al zaragocismo, el consumo emocional y la actividad de pequeñas tiendas en los días de partido podrían resentirse con una pérdida estimada de entre 1,3 y 2,5 millones de euros. El fútbol no solo mueve entradas: mueve camisetas, bufandas, regalos, prensa, desplazamientos y compras impulsadas por el sentimiento de pertenencia.

Otro bloque especialmente sensible sería el de los proveedores. Seguridad, limpieza, mantenimiento, catering, producción audiovisual, agencias de publicidad, imprentas, empresas de montaje, servicios médicos, logística y otros servicios auxiliares notarían de forma directa la contracción del negocio. En este apartado, la pérdida podría oscilar entre 3,6 y 6,5 millones de euros.

Los medios de comunicación locales tampoco quedarían al margen. El Real Zaragoza genera audiencia, tertulias, programas especiales, publicidad, campañas y contenido diario. Una caída a Primera RFEF reduciría el interés informativo nacional y también el valor comercial de los espacios vinculados al club. La merma para medios, publicidad y patrocinios asociados podría situarse entre 900.000 y 1,8 millones de euros.

También habría consecuencias para hoteles, taxis, VTC, autobuses, parkings y empresas vinculadas al turismo deportivo. La Primera RFEF tiene menor capacidad de atracción que Segunda División, tanto por el perfil de los rivales como por la menor exposición mediática. La pérdida en transporte, alojamiento y consumo visitante podría alcanzar entre 1,2 y 2,6 millones de euros.

En conjunto, el golpe económico directo para la ciudad se situaría en una horquilla de 21 a 32 millones de euros. Sin embargo, el impacto real sería mayor si se tiene en cuenta el efecto arrastre. Cada euro que deja de ingresar el club o los negocios vinculados al fútbol termina repercutiendo en empleo, proveedores, impuestos, consumo local y actividad empresarial. Por eso, el coste total del descenso podría acercarse a los 50 o 60 millones de euros en el primer año.

A esa factura habría que sumar otra menos visible, pero igualmente importante: la pérdida de valor de la marca “Zaragoza”. El Real Zaragoza es, para muchos ciudadanos de fuera de Aragón, uno de los principales elementos de identificación de la ciudad. Un club histórico en caída libre proyecta una imagen de deterioro, fracaso institucional y pérdida de relevancia. La marca ciudad perdería presencia audiovisual, impacto en medios nacionales, atractivo para patrocinadores y fuerza emocional.

Esa pérdida reputacional puede estimarse entre 10 y 18 millones de euros equivalentes, no como una salida directa de caja, sino como una pérdida de exposición, notoriedad y valor simbólico. Zaragoza no solo perdería partidos. Perdería conversación, presencia, orgullo colectivo y capacidad de asociarse a un proyecto deportivo competitivo.

El descenso del Real Zaragoza a Primera RFEF, por tanto, no sería un problema exclusivo del club ni de sus accionistas. Sería un problema de ciudad. Un golpe a la economía, al tejido empresarial, a la autoestima colectiva y a la imagen exterior de Zaragoza.

Del comunicado al ridículo: cuando ni en el dolor saben estar

Si algo volvió a demostrar el Real Zaragoza en el día más negro de su historia reciente es que su problema no es solo deportivo. También es humano, institucional y comunicativo. Descender a Primera RFEF ya era una tragedia suficiente. Pero conseguir que, además, la reacción oficial del club indigne todavía más a la gente tiene un mérito perverso. Y eso fue exactamente lo que ocurrió con ese comunicado infame.

Había dos caminos razonables tras consumarse el descenso. El primero: callar y dejar que el golpe hablara por sí solo. El segundo: pedir perdón. Nada más. Un perdón limpio, escueto, sin maquillaje, sin autocomplacencia, sin levantar la cabeza para presumir de nada. Era tan sencillo como eso. Pero eligieron el peor camino posible: sacar pecho en mitad del velatorio.

El comunicado retrata a la perfección el problema de esta propiedad y de toda la estructura que ha gobernado el club en estos años. Ni entienden lo que representa el Real Zaragoza ni comprenden a su gente. Son incapaces de leer el momento, de calibrar el dolor y de asumir que, cuando has mandado a un gigante al barro, lo último que puedes hacer es hablar de inversiones, proyectos paralelos o futuribles como si el cadáver todavía no estuviera caliente.

El zaragocismo no necesitaba propaganda. Necesitaba arrepentimiento. No necesitaba frases huecas. Necesitaba dimisiones. No necesitaba que le contaran películas sobre el mañana. Necesitaba saber quién se iba ese mismo día por haber llevado al club hasta este abismo.

Porque aquí está otra de las claves: lo insoportable del comunicado no fue solo su tono. Fue lo que escondía. Continuismo. Autojustificación. Humo. La impresión de que quienes han hundido al Zaragoza pretenden seguir tutelando su reconstrucción. Como si el incendio lo hubieran apagado ellos y no lo hubieran provocado.

A estas alturas ya da igual si el texto lo redactó una persona, un gabinete o una inteligencia artificial. Lo grave no es quién lo escribió, sino quién lo autorizó. Y detrás de esa autorización hay una manera de entender el club que lleva cuatro años haciendo exactamente lo mismo: subestimar a la afición, sobrevalorar su propia gestión y confundir paciencia con sumisión.

El Real Zaragoza necesitaba un terremoto en su organigrama y recibió un panfleto corporativo. Necesitaba una rueda de prensa con responsables dando la cara y recibió frases vacías. Necesitaba hechos y le dieron retórica. Necesitaba cirugía y le ofrecieron colonia.

Por eso el comunicado no fue un error más. Fue una confesión. La prueba definitiva de que esta gente sigue sin entender dónde está, a quién representa y qué ha hecho. No solo han descendido al Real Zaragoza. Ni siquiera saben comportarse después de haberlo descendido.

Y eso, sinceramente, casi duele tanto como la propia caída.

El descenso también se firmó en los despachos

El Real Zaragoza ha caído a Primera RFEF, pero sería una trampa intelectual y moral reducir este desastre únicamente a una mala plantilla, a una mala racha o a una cadena de errores deportivos. El descenso se ha consumado sobre el césped, sí, pero se empezó a redactar hace mucho tiempo en los despachos. En los despachos del club, por supuesto, pero también en los despachos políticos.

A estas alturas, escuchar a dirigentes institucionales lamentarse en redes sociales provoca una mezcla de estupor y enfado. No era el día de los mensajes de consuelo. Era el día del silencio. Porque cuando una parte de la política ha participado, facilitado o bendecido determinadas operaciones alrededor del Real Zaragoza, luego no puede comparecer como si fuera una observadora neutral del desastre.

Aquí no ha habido un accidente. Aquí ha habido un proceso. Largo, progresivo y perfectamente visible para cualquiera que quisiera mirar sin autoengañarse. El club fue perdiendo identidad, fuerza y rumbo hasta convertirse en un juguete de intereses ajenos a lo verdaderamente importante: el fútbol. Y mientras eso ocurría, desde las instituciones se compraba el relato, se impulsaban operaciones, se acompañaban planes y se alimentaba una estructura que no tenía como prioridad devolver al Zaragoza a donde merecía, sino otra cosa.

La sensación cada vez más extendida es que al Real Zaragoza se le ha tratado más como una pieza de urbanismo, de influencia o de negocio que como a un club de fútbol. Y eso es devastador. Porque cuando el equipo deja de ser el centro y se convierte en instrumento, el desenlace suele ser este: una entidad histórica arrastrándose por Segunda hasta desaparecer del fútbol profesional.

A mí no me sirve que ahora se repartan mensajes de ánimo desde todos los colores políticos. No me sirve porque todos quieren acompañar en el duelo, pero muy pocos quieren asumir su parte en el origen del problema. Y la tienen. Unos por acción, otros por omisión, otros por haber preferido determinados interlocutores, determinadas alianzas y determinadas operaciones antes que proteger de verdad al club más importante de Aragón.

Tampoco compro el argumento de que “llevábamos 14 años así”. No. No es verdad. El club llevaba muchos años lejos de donde debía, pero no siempre estuvo en las mismas manos ni bajo la misma lógica. Hubo etapas mejores, peores, equivocadas, ineficaces o frustradas. Pero lo de ahora ha sido distinto: una degradación total, una caída institucional, emocional y deportiva hasta alcanzar un suelo que muchos intuían y nadie quiso frenar a tiempo.

Y eso es lo más duro de todo: no nos ha traído hasta aquí una sola mala decisión, sino una suma de complicidades, torpezas e intereses cruzados. El resultado está ahí. Una ciudad como Zaragoza, una afición como esta y una historia como la de este escudo se quedan fuera del fútbol profesional. Y eso no es solo un fracaso deportivo. Es también un fracaso político e institucional.

Exzaragocistas y clubes arropan al Real Zaragoza tras el descenso

El descenso del Real Zaragoza a Primera RFEF ha provocado una oleada de reacciones dentro y fuera del club. En las horas posteriores al golpe, numerosos exjugadores blanquillos, futbolistas con pasado reciente en la entidad y varios clubes quisieron mandar mensajes de ánimo a una afición devastada por la pérdida del fútbol profesional.

Uno de los mensajes más sentidos fue el de Borja Iglesias, cuya conexión emocional con Zaragoza sigue intacta. El delantero escribió: “Hoy es un día duro y desde la distancia os mando toda mi fuerza y apoyo”, antes de dejar una frase de enorme carga sentimental: “El Borja que existe hoy sería inimaginable si no nos hubiésemos cruzado”. El compostelano, que explotó como goleador en La Romareda durante la temporada 2017-18, volvió a retratar el cariño que sigue teniendo al zaragocismo.

También se acordó del club Kervin Arriaga, que defendió la camiseta zaragocista en 2025, al asegurar: “Sé que pronto volverán a donde merecen estar” y recordar el lema más repetido entre la afición: “Zaragoza nunca se rinde”. En la misma línea se expresó Marc Aguado, futbolista formado en la cantera blanquilla, con un mensaje breve pero directo: “Siempre Real Zaragoza. Estoy seguro que más pronto que tarde volveréis al sitio donde merecéis”.

Otro gesto muy significativo fue el de Adrián Liso, canterano del club y una de las caras recientes de la Ciudad Deportiva, que resumió el sentimiento de muchos con un escueto pero potente: “Hoy, mañana y siempre. Volveremos”. También Iván Azón, otro producto de la cantera zaragocista, trasladó su apoyo con un claro “Mucho ánimo zaragocistas. Volveremos pronto”.

Entre los exblanquillos que se sumaron a la cadena de apoyo también aparecen Fran Gámez, Jair Amador, Gaëtan Poussin, Alejandro Francés, Diego Rico, Víctor Mollejo, Mathieu Peybernes, Manu Lanzarote, Luis López, Eguaras y el propio Santiago Mouriño, todos ellos vinculados de una u otra manera al Real Zaragoza en los últimos años. Sus mensajes, aunque distintos en el tono, compartían una misma idea: el club ha caído, pero no ha perdido su identidad.

Especialmente emotiva fue también la reflexión de José Manuel Fernández, que escribió: “Sé cómo podéis sentiros hoy, porque yo también lo he sentido en mis propias carnes vistiendo la camiseta de nuestro equipo”, para rematar después con otra frase muy reconocible en el entorno blanquillo: “Zaragoza nunca se rinde”. Su publicación apelaba a la memoria, al orgullo y a la obligación moral de levantarse otra vez.

En el plano institucional, el CD Ebro dejó uno de los mensajes más bonitos al señalar que “hay heridas que solo el fútbol puede explicar” y recordar que “caer no borra la historia, ni el orgullo, ni el sentimiento de un club gigante”. Desde la UD Las Palmas, rival del partido que certificó el descenso, también quisieron tener un gesto de elegancia al subrayar que “hay resultados que van más allá de un partido” y mandar “mucho ánimo a toda la familia zaragocista”. El Real Valladolid, por su parte, optó por la sobriedad con un simple pero sentido “Mucho ánimo desde Pucela”.

Todas estas reacciones dibujan una realidad evidente: el golpe ha sido durísimo, pero el Real Zaragoza sigue despertando respeto, memoria y afecto en mucha gente del fútbol. Exjugadores, canteranos, futbolistas que encontraron en Zaragoza un punto de inflexión en su carrera y clubes rivales coincidieron en el mismo mensaje. El club ha caído, sí, pero nadie lo da por enterrado. El dolor es enorme, pero también lo es la convicción de que tarde o temprano el escudo del león volverá a donde su historia le obliga.

Aragón lanza un plan de inspección para mejorar la Administración y prevenir el fraude

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El Gobierno de Aragón ha aprobado un nuevo plan de inspección de la Administración autonómica que se implementará durante 2026 y 2027. Este plan tiene como finalidad revisar el funcionamiento de los servicios públicos, identificar fallos y mejorar la atención que reciben los ciudadanos. La Inspección General de Servicios será la encargada de llevar a cabo estas actuaciones, centrándose en trámites, tiempos de respuesta y procesos administrativos.

**Objetivos del plan de inspección**

El plan busca optimizar la eficiencia de la Administración, y se basa en la revisión de expedientes, el análisis de datos y la realización de entrevistas con los responsables de los servicios. Esto permitirá detectar problemas concretos en el funcionamiento diario y contrastar la situación real en cada área. A diferencia de iniciativas anteriores, este modelo no solo se enfocará en el diagnóstico, sino que cada actuación incluirá indicadores y un seguimiento posterior para asegurar que las mejoras se implementen efectivamente.

**Mejoras en la atención al ciudadano**

El plan se sostiene en dos ejes principales. Primero, se busca mejorar el funcionamiento de los servicios públicos y la experiencia de los ciudadanos, con atención especial a los tiempos de respuesta y la calidad del servicio. En segundo lugar, se reforzará el control interno y el cumplimiento de las normas, enfocándose en la prevención del fraude mediante la revisión de expedientes y el análisis de datos para detectar riesgos antes de que ocurran.

Entre las acciones previstas se incluyen la evaluación de sistemas de cita previa, el análisis de quejas y sugerencias de los ciudadanos, y la identificación de cuellos de botella en trámites de alta demanda. El plan permitirá a los departamentos proponer mejoras, asegurando que se aborden las necesidades reales de los servicios. Con una vigencia de dos años, se priorizarán las acciones según su impacto en la vida cotidiana de los ciudadanos, buscando así una Administración más ágil y transparente.

Encuentro Nacional de Academias Jurídicas en Aragón sobre Derecho Civil

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El Gobierno de Aragón y la Real Academia Aragonesa de Jurisprudencia y Legislación llevarán a cabo un Encuentro Nacional de Academias Jurídicas de España centrado en el Derecho Civil. Este evento busca establecer un espacio de diálogo y reflexión entre todas las academias jurídicas del país, lo que representa una iniciativa sin precedentes en España.

**Objetivos del Encuentro Jurídico**

El objetivo principal de esta actividad es promover el conocimiento y la divulgación del Derecho Foral aragonés, considerado una parte esencial de la identidad de la Comunidad Autónoma. Para ello, el Gobierno de Aragón destinará 6.000 euros a la organización del evento, que permitirá abordar temas relevantes del Derecho Civil, como las legítimas, los pactos sucesorios, los testamentos mancomunados y la viudedad, los cuales son tratados de diferentes maneras en las diversas comunidades autónomas.

**Desarrollo y Participación**

El encuentro se llevará a cabo en Zaragoza y consistirá en una jornada de debate donde participarán presidentes y miembros de las academias jurídicas de las distintas comunidades. El intercambio de ideas y la colaboración entre estas instituciones no solo enriquecerán el conocimiento mutuo, sino que también facilitarán la elaboración de propuestas legislativas que se podrán canalizar a través de las comisiones asesoras de cada territorio. La Real Academia Aragonesa de Jurisprudencia y Legislación se encargará de elaborar el programa del encuentro y coordinará los recursos necesarios para su realización, mientras que el Gobierno de Aragón supervisará el desarrollo del evento y validará las propuestas presentadas.

CITA presenta su nuevo Comité Científico con Enrique Playán como presidente

El Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA) ha renovado su Comité Científico, que ahora está compuesto por siete investigadores de renombre en el ámbito agroalimentario. Este órgano, que actúa como asesor en temas de investigación y desarrollo, tiene como nuevo presidente a Enrique Playán Jubillar, quien cuenta con una amplia trayectoria en el sector.

**Composición del Comité Científico del CITA**

De los siete miembros que integran el nuevo Comité, tres continúan de la anterior composición: Inmaculada Martín Burriel, quien ocupa el cargo de vicepresidenta, Iñaki Hormaza Urroz e Ignacio Romagosa Clariana. Los nuevos integrantes son Enrique Playán, Juan L. Arqués Orobón, Mª Pilar de Frutos Fernández y Mercedes Sánchez García. En la primera reunión, celebrada de manera telemática en abril, se eligieron por unanimidad al presidente y a la vicepresidenta.

**Objetivos y funciones del nuevo Comité**

La selección de los miembros del Comité se basó en su experiencia en el sector agroalimentario, tanto en Aragón como a nivel nacional e internacional. Se valoraron conocimientos en áreas estratégicas como la sostenibilidad, la adaptación al cambio climático y la innovación en producción vegetal y animal. El Comité tiene la responsabilidad de proponer líneas de investigación y prioridades, así como evaluar periódicamente su labor en el marco de la política agroalimentaria y de investigación establecida por el Gobierno de Aragón. Una de sus tareas más relevantes para este año será contribuir a la elaboración del Plan Estratégico del CITA para 2027-2031, alineándose con las directrices del Plan Autonómico de Investigación y las necesidades de la sociedad aragonesa.

El inoportuno comunicado del Real Zaragoza

El Real Zaragoza descendió al abismo deportivo y, por si no bastara con la magnitud del golpe, decidió acompañarlo con un comunicado que retrata a la perfección una de las grandes miserias de esta etapa: su absoluta incapacidad para comunicar, para leer el momento y para entender qué necesita escuchar su gente cuando el club acaba de abandonar el fútbol profesional.

No era fácil acertar en un día así. Pero el Zaragoza consiguió algo peor: empeorarlo. Porque cuando una entidad cae a Primera RFEF después de años de decadencia, lo mínimo exigible es sobriedad, verdad y asumir responsabilidades con claridad. No grandilocuencia hueca, no propaganda de despacho, no una nota redactada con el mismo tono impostado con el que esta propiedad lleva años prometiendo lo que nunca ha cumplido.

El problema no es solo lo que dice el comunicado. Es cuándo lo dice, cómo lo dice y para qué parece decirlo. En un día de luto deportivo, el club no se centra en el fracaso histórico, ni en depurar responsabilidades visibles, ni en pedir perdón con la contundencia que exige la situación. Prefiere envolverse en palabras altisonantes y en frases de escaparate. Habla de “nuestra implicación con el Real Zaragoza y con los zaragocistas” y asegura que es, “si cabe, aún mayor”. A estas alturas, esa frase no suena a compromiso: suena a burla.

Porque la implicación no se proclama, se demuestra. Y esta propiedad ha demostrado exactamente lo contrario. Cuatro años después de su llegada, el balance es devastador: deterioro institucional, hundimiento deportivo, descrédito social y descenso al barro. Si esa es su implicación, convendría preguntarse qué habría pasado con algo menos de entusiasmo.

El comunicado, además, cae en uno de los errores más irritantes posibles: volver a hablar del estadio, de inversiones y de planes de futuro inmobiliario cuando lo que se acaba de consumar es una catástrofe futbolística. El aficionado del Zaragoza no necesitaba leer ese día una reivindicación de gestión patrimonial, sino una explicación seria de por qué su club ha sido arrastrado fuera del profesionalismo. Sin embargo, el texto insiste en vender que el grupo ha seguido “dotando de estabilidad” a la entidad y en recordar compromisos vinculados a la Nueva Romareda. Como si el problema, hoy, fuera ese. Como si el zaragocismo estuviera pensando en hormigón mientras ve caer al club de su vida.

Hay algo especialmente hiriente en esa forma de mezclar el derrumbe deportivo con el discurso corporativo. Parece una cortina de humo. Una maniobra de distracción. Un intento de desplazar la conversación desde el descenso hacia el relato de la inversión, como si bastara con agitar planos y millones para esconder que el proyecto futbolístico ha sido un fracaso terminal.

Y luego está una de las frases más difíciles de digerir: la voluntad de abrir la puerta a capital de aquí. El comunicado afirma que el club mantiene “la voluntad de seguir dando pasos para favorecer la entrada de accionariado aragonés”. Dicho así, suena bien. El problema es que ya casi nadie cree una palabra. Porque a estas alturas no bastan los enunciados. Hace falta credibilidad. Y esta dirección ya no la tiene.

Cuando se habla de aragonesismo accionarial en un texto así, pero se viene de años de opacidad, de decisiones tomadas lejos de Zaragoza y de una presidencia prácticamente ausente, la frase no suma: resta. Más aún cuando lo que percibe gran parte del entorno es que cualquier intento de abrir de verdad el club a una participación aragonesa con peso real ha sido, como mínimo, ambiguo, cuando no directamente bloqueado. Por eso este pasaje no suena a propósito sincero, sino a maquillaje.

La gran cuestión de fondo es que el comunicado evita lo esencial. No hay nombres. No hay ceses. No hay dimisiones. No hay una sola decisión concreta que permita pensar que alguien ha entendido la dimensión del desastre. Se pide paciencia, se invoca el compromiso y se promete trabajo. Exactamente lo mismo que se ha dicho mientras el equipo se despeñaba. Y eso, en este contexto, ya no sirve.

Porque el zaragocismo no necesita más literatura institucional. Necesita hechos. Necesita ver salir a la cúpula que ha dirigido el área deportiva hacia este precipicio. Necesita que quienes han encadenado malas decisiones durante años dejen de ocupar puestos de mando. Necesita una comparecencia pública, no una nota fría. Necesita caras, no párrafos. Necesita asumir que no se trata solo de que el equipo haya bajado, sino de que el club lleva demasiado tiempo mal gobernado.

Lo más grave es que este texto no transmite ni dolor verdadero ni conciencia real de lo sucedido. Transmite cálculo. Transmite despacho. Transmite la sensación de que quien lo redactó sigue pensando en términos de estrategia reputacional cuando el edificio entero se ha derrumbado. Y en un día así, eso es imperdonable.

El descenso del Real Zaragoza ya es una herida histórica. El comunicado no la explica, no la acompaña y no la alivia. Solo la agrava. Porque confirma que el problema no era únicamente una plantilla mal hecha o una temporada espantosa. El problema es también una dirección incapaz de estar a la altura en lo más básico: entender dónde está, qué ha hecho y qué exige el momento.

El Zaragoza ha caído a Primera RFEF. Y su comunicado, lejos de mostrar grandeza en la derrota, ha vuelto a demostrar por qué tantos sienten que el club lleva demasiado tiempo en manos de gente que no lo comprende.

Teruel Existe propone un sistema de bicicletas eléctricas de alquiler en la ciudad

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El grupo municipal Teruel Existe ha presentado una propuesta para crear un sistema de bicicletas eléctricas de alquiler en la ciudad de Teruel. Esta iniciativa se discutirá en el próximo pleno del Ayuntamiento y busca fomentar una movilidad sostenible y moderna, adaptada a las características de la Comunidad Autónoma. La concejala Beatriz Redón ha destacado que muchas ciudades de tamaño medio están implementando estos sistemas, y Teruel no debería quedarse atrás en la modernización de sus servicios.

**Fase piloto con 50 bicicletas eléctricas**

La propuesta incluye una fase piloto que contempla la instalación de 50 bicicletas eléctricas y 10 estaciones inteligentes en puntos estratégicos de la ciudad. Se espera que estas estaciones conecten áreas como la estación de tren, la estación de autobuses, el centro histórico, el campus universitario y otros barrios relevantes. Redón ha señalado que la ciudad tiene condiciones favorables para este tipo de sistema, gracias a su tamaño compacto y la existencia de desniveles que hacen más conveniente el uso de bicicletas eléctricas.

**Inversión y financiación del proyecto**

La inversión inicial estimada para esta fase del proyecto es de aproximadamente 365.000 euros, que incluiría bicicletas, estaciones de carga y software de gestión. Además, el mantenimiento y operación anual del sistema se calcula en unos 97.000 euros, que podrían ser compensados mediante diferentes modelos de uso, como abonos para usuarios y bonos turísticos. Teruel Existe también sugiere que el Ayuntamiento busque financiación europea y ayudas estatales para garantizar la viabilidad económica del proyecto, promoviendo así hábitos de movilidad sostenible y mejorando la conectividad entre barrios.

Las primeras declaraciones de jugadores del Real Zaragoza tras consumarse el descenso: Los jugadores tienen la culpa, pero no solo ellos

El Real Zaragoza ya ha comenzado a exteriorizar el dolor de un descenso que deja al club fuera del fútbol profesional. Tras certificarse la caída a Primera RFEF, varios protagonistas han comparecido con gesto serio, tono autocrítico y un mensaje común: lo ocurrido no puede entenderse como un accidente aislado, sino como la consecuencia de un deterioro prolongado que exige una revisión profunda en todos los niveles de la entidad.

Uno de los primeros en alzar la voz fue Keidi Bare, que puso el foco tanto en la dimensión del club como en la necesidad de una autocrítica general. El centrocampista no escondió la gravedad del momento y dejó una reflexión que resume bien el estado de ánimo del zaragocismo. “Pedir disculpas a la afición, a toda la ciudad. El Real Zaragoza no merece esto”, afirmó. Pero no se quedó ahí. También apuntó hacia una crisis estructural que, a su juicio, va mucho más allá de esta temporada: “Todo el mundo le debe dar una vuelta. No es casualidad que el club esté 14 años en Segunda. Hay que darle una vuelta desde arriba y también los jugadores”.

Las palabras de Keidi tienen especial peso porque no se limitan al lamento del descenso inmediato, sino que conectan esta caída con una decadencia prolongada del club. Su análisis mezcla responsabilidad interna, frustración deportiva y la sensación de que el Zaragoza lleva demasiado tiempo alejándose de lo que representa por historia, masa social y tradición. “Toda la plantilla ha sufrido mucho. Es muy duro”, añadió, reflejando también el desgaste emocional de un vestuario que ha terminado hundido tras una campaña marcada por la ansiedad, las lesiones, los errores y la falta de respuestas.

Pese a todo, el albanés quiso dejar un mensaje de respeto hacia la grandeza histórica del escudo y de fe en una futura reconstrucción. “Todos soñamos en jugar en clubes grandes como el Real Zaragoza. Es un club muy grande, que tarde o temprano estará donde merece, con una afición que lo apoya en cualquier lado”, explicó, antes de asumir que el golpe tardará en cicatrizar: “Serán días muy duros, pero hay que seguir. No hay más”.

En una línea parecida se expresó Raúl Guti, uno de los jugadores más vinculados sentimentalmente al club y cuya voz también retrata el hundimiento moral del vestuario. El canterano comenzó agradeciendo el esfuerzo colectivo, pero sin esconder la enorme decepción por una temporada que considera indigna del escudo. “Agradecer al vestuario y los compañeros. Hemos sufrido muchísimo. Es un cúmulo de cosas durante todo el año. No hemos estado a la altura del escudo”, reconoció.

Guti fue todavía más contundente al analizar cómo se ha llegado a este desenlace. Para él, la temporada ha sido una advertencia ignorada durante demasiado tiempo. “Ojalá sea un antes y un después para el club. Cuando juegas con fuego, te acabas quemando, como este año”, sentenció. Su frase resume el sentir de buena parte del entorno: el Zaragoza ha convivido durante demasiadas temporadas con el riesgo, hasta que finalmente la caída se ha consumado.

El centrocampista también incidió en una idea especialmente dolorosa: el contexto competitivo había ofrecido una oportunidad evidente para evitar el desastre, pero el equipo no fue capaz de aprovecharla. “Este año la salvación ha estado muy barato, y nos lo han puesto muy fácil, y no hemos sabido sacarlo adelante”, admitió. A partir de ahí, rechazó cualquier intento de escudarse en factores externos y asumió la principal responsabilidad desde dentro del vestuario: “No hay que hablar de excusas. Los principales culpables somos los jugadores, aunque no ayuda todo lo demás”.

Esa última matización, “aunque no ayuda todo lo demás”, deja entrever que el problema no se limita al césped. Guti también recordó que el club arrastra demasiados años de desgaste y sufrimiento: “El club lleva muchos años en Segunda, y estos años sufriendo bastante”. Su deseo, como el de Keidi, pasa por que este golpe sirva para remover conciencias y provocar un cambio real: “Ojalá esto sirva de aprendizaje y sea un antes y un después, como otros clubes”.

Preguntado por su futuro, Guti evitó cualquier personalismo y prefirió volver al dolor colectivo. “Ahora mismo estoy muy dolido por mis compañeros. Hemos sufrido muchísimo, nadie se lo imagina”, aseguró. Y dejó una frase que muestra hasta qué punto el entorno se ha vuelto irrespirable: “De puertas afuera, cada uno puede pensar lo que quiera. Sé que, haga lo que haga, parecerá que lo hago mal”. Aun así, quiso proteger el lado humano del grupo: “Hay un grupo humano espectacular. Nos duele mucho”.

También habló David Navarro, que puso el foco en el sufrimiento de la afición y en la necesidad de iniciar un duelo antes de pensar en el futuro. “Me duele por toda la gente, que viaja y nos apoya”, señaló el técnico. Y asumió que, aunque se ha intentado reaccionar, el resultado final es devastador: “Hemos hecho lo que hemos pedido, pero siempre se puede hacer algo más. El resultado es el que es. Ahora toca dejar pasar esta mierda, hacer el duelo, y ya está”.

Más allá del golpe inmediato, Navarro utilizó una imagen potente para explicar la situación de la entidad. “El club es una roca fuerte, pero hay gotitas que van erosionando”, dijo, en referencia a un deterioro progresivo que ha ido debilitando al Zaragoza con el paso de los años. Según el entrenador, dentro del club se trabaja en corregir esas grietas: “Se está en ello, en ir tapando todas las gotitas, para que la roca vuelva a ser lo fuerte que ha sido”. Sin embargo, reconoció que la reconstrucción no partirá desde una base sólida: “Se está en el camino, pero no empezamos de 0, habrá que empezar desde más atrás”.

Ese “más atrás” resume hoy la dimensión del hundimiento. El Real Zaragoza cae a Primera RFEF con una herida institucional, deportiva y emocional profundísima. Los jugadores piden perdón, asumen culpas y reclaman una reflexión de fondo. La afición, mientras tanto, asiste atónita al final de una deriva que llevaba demasiados años bordeando el precipicio. Ahora ya no hay margen para discursos vacíos. Solo queda comprobar si esta vez el golpe servirá realmente para cambiar algo.