Cuando el dedo señala la luna, los necios miran el dedo. “El daño que ese sujeto le ha ocasionado a Venezuela, su cinismo ante esos hechos, son tema de desagradable conversación entre la comunidad venezolana. Se ha ganado a pulso nuestro desprecio ese t ipo […] Soñamos con verlos subiendo a un furgón de la policía, engrilletados.” Se refiere, claro, a Zapatero. Respeto el anonimato de esta persona, un miembro del exilio venezolano, y omito el nombre de la otra persona que sueñan con ver engrilletada junto al protagonista de la conversación, aunque queda poco margen para la imaginación. El martes, 19 de marzo, a primera hora de la mañana nos desayunamos con la noticia de la investigación de Zapatero (lo que antes se llamaba imputación) y debo confesar que ni a mí, ni supongo que a muchos otros, nos ha resultado una sorpresa. Las noticias de prensa de los últimos meses apuntaban ya a una trama con todos los ingredientes que ahora relata el extenso auto de imputación. Parecía cuestión de t iempo. Pero observen que dos días después del desastre socialista en Andalucía, ya nadie se acuerda de ello. Un escándalo tapa a otro. Zapatero está citado a declarar el día 2 de junio, pero el día 28 de mayo comienza el juicio contra David Sánchez, el hermano del presidente, ante la Audiencia Provincial de Badajoz. Se le imputan los delitos de prevaricación administrativa y tráfico de influencias, relacionados con la creación y adjudicación supuestamente irregular de un puesto de trabajo a su medida, aprovechando la influencia derivada de la relación familiar con Pedro Sánchez. El juicio será oral y público por lo que suscitará previsiblemente una gran expectación, aunque rápidamente quedará oculto tras la nueva cortina de humo de la declaración de Zapatero ante la Audiencia Nacional. El Gobierno ha salido en tromba a defender al expresidente. ¿Por qué? ¿No han escarmentado todavía de las muchas veces que han puesto la mano en el fuego por alguien de su entorno más cercano? Solamente el saber que las investigaciones se han iniciado por las solicitudes de cooperación internacional recibidas por la Fiscalía Anticorrupción en 2024, procedentes de Suiza y Francia, debería aconsejar más prudencia al Gobierno. No hay una conspiración interna. Hay sospechas internacionales y hay jueces y fiscales de otros países investigando esta misma trama. La imputación que se formula no es menor: organización criminal, tráfico de influencias, falsedad documental y blanqueo de capitales. El juez sitúa a Zapatero como presunto líder de una red de influencias que habría recibido comisiones (alrededor de 2 millones de euros en su entorno) a cambio de facilitar decisiones favorables, principalmente relacionadas con el rescate de la aerolínea Plus Ultra (aerolínea registrada como española pero con gran parte de su accionariado en manos venezolanas, de empresarios vinculados o cercanos al chavismo). La intervención de sus hijas a través de la empresa Whathefav S.L. añade alguna curiosidad adicional. Los importantes cobros recibidos por ellas (unos 240.000 euros) serían el pago por la maquetación y diseño de los informes que elaboraba Zapatero (o su equipo, porque tampoco está claro que esos informes los hiciera él) para la consultora Análisis Relevante. Como referencia, bastará saber que la maquetación de un informe o un trabajo académico de 50 páginas puede costar a precios de mercado hasta 200 euros, no mucho más. Está claro, creo, que allí, con ese precio desorbitado, se han pagado otras cosas que no figuran en las facturas que se hayan emitido. Análisis Relevante, como ya es sobradamente conocido incluso antes del auto de imputación, cobró cantidades importantes de Plus Ultra por supuestos servicios de asesoramiento, lobby y gestiones. Según datos del sumario, ingresó cientos de miles de euros de la aerolínea y buena parte de ese dinero acabó en manos de Zapatero y sus hijas. Pero al margen de sus negocios, que el juez ha considerado lo suficientemente turbios como para justificar la imputación, Zapatero ha hecho un daño enorme a la causa de la democracia, especialmente en Venezuela. De ahí la alegría con la que se ha recibido la noticia en el colectivo de exiliados de ese país. Pero aún hay otra derivada más grave, y que puede ser la que explique el cierre de filas del Gobierno y de toda la estructura del Partido Socialista en defensa de Zapatero. El rescate de la aerolínea Plus Ultra acumula demasiados indicios de trato de favor y de irregularidades que son de muy difícil justificación para el Gobierno. La empresa incumplía los criterios técnicos de viabilidad exigidos por la SEPI, tenía una participación residual en el mercado, no tenía carácter estratégico, arrastraba pérdidas millonarias crónicas y problemas fiscales previos a la pandemia que trataron de camuflarse con datos contables falsos para simular que los problemas financieros se originaron por la crisis del coronavirus, y no antes. Si la imputación de Zapatero prospera y diera lugar a su procesamiento, sería evidente o difícilmente refutable que el rescate de la aerolínea se produjo por su intermediación, para, de forma derivada, su enriquecimiento y el de sus hijas, y en contra de todos los criterios técnicos. ¿Quién, qué ministro elevó el expediente de ese rescate al Consejo de ministros? Pero independientemente de quien fuera ese ministro, las decisiones y las responsabilidades son colegiadas, pero se atribuyen especialmente, de forma directa e indelegable, al presidente. La imputación de Zapatero no le afecta sólo a él, no nos equivoquemos. Afecta fundamentalmente y de forma muy directa a Sánchez.
Julio Calvo Iglesias
Exconcejal del Ayuntamiento de Zaragoza






