La Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) ha iniciado una crecida controlada en el río Guadalope, entre los embalses de Santolea y Calanda, como parte del “Estudio Hidrosedimentario del río Guadalope aguas abajo de la presa de Santolea, hasta la cola del embalse de Calanda y elaboración de un protocolo de crecidas de mantenimiento”. Este estudio se realiza en colaboración con las universidades de Zaragoza, Lleida y Barcelona, y tiene como objetivo evaluar el estado morfosedimentario del río.
Acciones para la rehabilitación del río Guadalope
Tras la evaluación del estado del río, se han propuesto diversas acciones de rehabilitación en tramos específicos, que incluyen la inyección de gravas. Estas medidas, junto con las crecidas de mantenimiento, buscan mejorar el estado morfológico y sedimentario del Guadalope, favoreciendo su funcionamiento como ecosistema y beneficiando a la vida piscícola.
El diseño de estas crecidas controladas intenta imitar las crecidas naturales del río. Javier San Román, comisario de Aguas adjunto de la CHE, ha destacado que las crecidas son fenómenos naturales que configuran los ríos. Aunque los embalses son útiles para almacenar agua, también pueden tener efectos negativos aguas abajo, como la ocupación del cauce por vegetación. San Román ha señalado que el vaciado del embalse entre finales de 2018 y principios de 2019 provocó un aporte de sedimentos que alteró la fisonomía del río, afectando su aptitud para especies como las truchas. La Confederación se ha comprometido a regenerar el cauce, un proceso que ha comenzado con esta crecida controlada.






