El golpe deportivo tendría consecuencias directas en hostelería, comercio, proveedores, medios de comunicación, patrocinadores y en la propia marca de la ciudad
El descenso del Real Zaragoza a Primera RFEF no sería únicamente una catástrofe deportiva. También tendría un impacto económico severo sobre la ciudad y sobre buena parte del tejido empresarial que gira, directa o indirectamente, alrededor del club. La pérdida de categoría supondría la salida del fútbol profesional, una caída brusca de los ingresos audiovisuales y una reducción del atractivo comercial de una entidad que, pese a sus años de sufrimiento deportivo, continúa siendo uno de los grandes activos emocionales, sociales y económicos de Zaragoza.
Las estimaciones sitúan el impacto directo para las empresas zaragozanas entre 21 y 32 millones de euros anuales, mientras que el efecto total sobre la economía local, si se incorporan los efectos indirectos e inducidos, podría elevarse hasta una horquilla de 45 a 60 millones de euros durante el primer año. A esta cantidad habría que añadir una pérdida intangible, pero relevante, en términos de marca ciudad: Zaragoza perdería visibilidad, reputación deportiva y capacidad de proyección nacional.
El primer damnificado sería el propio Real Zaragoza SAD. La caída a Primera RFEF implicaría una reducción drástica de los ingresos por derechos televisivos, patrocinios, abonos, taquilla, palcos, merchandising y acuerdos corporativos. La pérdida directa para el club podría situarse entre 9 y 12 millones de euros anuales, con especial incidencia en la televisión, que pasaría de ser una fuente estructural de financiación a convertirse en un ingreso muy reducido dentro del marco federativo.
Pero el daño no se limitaría a las cuentas del club. Cada partido en La Romareda genera actividad económica en bares, restaurantes, hoteles, taxis, parkings, comercios, proveedores, medios de comunicación y empresas de servicios. El descenso reduciría el número de aficionados visitantes, la intensidad del consumo en los días de partido y el interés publicitario asociado al equipo.
La hostelería sería uno de los sectores más afectados. Los bares y restaurantes próximos al estadio, así como los establecimientos que viven del ambiente previo y posterior a los encuentros, podrían perder entre 2,8 y 5,2 millones de euros al año. Menos público, menos desplazamientos y menos atractivo deportivo significan menos comidas, menos cenas, menos consumiciones y menos movimiento en la ciudad.
El comercio local también sufriría. La venta de productos vinculados al zaragocismo, el consumo emocional y la actividad de pequeñas tiendas en los días de partido podrían resentirse con una pérdida estimada de entre 1,3 y 2,5 millones de euros. El fútbol no solo mueve entradas: mueve camisetas, bufandas, regalos, prensa, desplazamientos y compras impulsadas por el sentimiento de pertenencia.
Otro bloque especialmente sensible sería el de los proveedores. Seguridad, limpieza, mantenimiento, catering, producción audiovisual, agencias de publicidad, imprentas, empresas de montaje, servicios médicos, logística y otros servicios auxiliares notarían de forma directa la contracción del negocio. En este apartado, la pérdida podría oscilar entre 3,6 y 6,5 millones de euros.
Los medios de comunicación locales tampoco quedarían al margen. El Real Zaragoza genera audiencia, tertulias, programas especiales, publicidad, campañas y contenido diario. Una caída a Primera RFEF reduciría el interés informativo nacional y también el valor comercial de los espacios vinculados al club. La merma para medios, publicidad y patrocinios asociados podría situarse entre 900.000 y 1,8 millones de euros.
También habría consecuencias para hoteles, taxis, VTC, autobuses, parkings y empresas vinculadas al turismo deportivo. La Primera RFEF tiene menor capacidad de atracción que Segunda División, tanto por el perfil de los rivales como por la menor exposición mediática. La pérdida en transporte, alojamiento y consumo visitante podría alcanzar entre 1,2 y 2,6 millones de euros.
En conjunto, el golpe económico directo para la ciudad se situaría en una horquilla de 21 a 32 millones de euros. Sin embargo, el impacto real sería mayor si se tiene en cuenta el efecto arrastre. Cada euro que deja de ingresar el club o los negocios vinculados al fútbol termina repercutiendo en empleo, proveedores, impuestos, consumo local y actividad empresarial. Por eso, el coste total del descenso podría acercarse a los 50 o 60 millones de euros en el primer año.
A esa factura habría que sumar otra menos visible, pero igualmente importante: la pérdida de valor de la marca “Zaragoza”. El Real Zaragoza es, para muchos ciudadanos de fuera de Aragón, uno de los principales elementos de identificación de la ciudad. Un club histórico en caída libre proyecta una imagen de deterioro, fracaso institucional y pérdida de relevancia. La marca ciudad perdería presencia audiovisual, impacto en medios nacionales, atractivo para patrocinadores y fuerza emocional.
Esa pérdida reputacional puede estimarse entre 10 y 18 millones de euros equivalentes, no como una salida directa de caja, sino como una pérdida de exposición, notoriedad y valor simbólico. Zaragoza no solo perdería partidos. Perdería conversación, presencia, orgullo colectivo y capacidad de asociarse a un proyecto deportivo competitivo.
El descenso del Real Zaragoza a Primera RFEF, por tanto, no sería un problema exclusivo del club ni de sus accionistas. Sería un problema de ciudad. Un golpe a la economía, al tejido empresarial, a la autoestima colectiva y a la imagen exterior de Zaragoza.



