EDITORIAL
Aragón ha consumado uno de los días más negros de su historia futbolística reciente. La comunidad se queda sin representación en el fútbol profesional después del descenso del Real Zaragoza y de la SD Huesca, un golpe durísimo para dos clubes históricos y para todo el deporte aragonés.
La jornada dejó sellado un escenario que hace solo unos años parecía inimaginable. El Real Zaragoza no pasó del empate ante Las Palmas y certificó su caída al perder la categoría. Al mismo tiempo, la derrota de la SD Huesca confirmó que tampoco el conjunto azulgrana continuará en el fútbol profesional. Los dos principales referentes del fútbol aragonés abandonan de forma simultánea LaLiga Hypermotion y descienden a Primera RFEF.
La imagen es demoledora. Aragón, una comunidad con una presencia histórica y continuada en el fútbol profesional, se queda de repente sin ninguno de sus dos grandes emblemas en la élite de las dos primeras categorías nacionales. El impacto va mucho más allá de lo deportivo. Afecta a la imagen del territorio, al peso institucional de sus clubes, a la afición, al tejido social que se mueve alrededor del fútbol y también al valor simbólico que Zaragoza y Huesca han tenido durante décadas dentro del mapa futbolístico español.
El golpe es todavía más amplio si se observa el resto del panorama aragonés. La SD Tarazona también ha firmado este fin de semana su descenso a Segunda RFEF tras caer por 2-0 ante el Sabadell. Así, el único equipo aragonés que militará la próxima temporada en Primera RFEF junto a los dos ahora descendidos será el CD Teruel, que ha terminado 13º y ha conseguido mantener la categoría.
Eso dibuja un nuevo mapa para el fútbol de la comunidad. En la Primera RFEF 2026-27 estarán Real Zaragoza, SD Huesca y CD Teruel, con el Tarazona ya en Segunda RFEF. Es decir, Aragón pierde por completo su espacio en el fútbol profesional y pasa a concentrar su protagonismo en la tercera categoría del fútbol español.
La dimensión del fracaso obliga a una reflexión profunda. No se trata solo de dos descensos. Se trata de la caída simultánea de las dos grandes referencias futbolísticas de Aragón, algo que deja a la comunidad en una posición de enorme debilidad competitiva, institucional y también emocional. Lo sucedido no puede interpretarse como un accidente aislado, sino como la consecuencia de temporadas muy deficientes, de proyectos incapaces de sostenerse y de una deriva que, en ambos casos, ha terminado desembocando en el mismo abismo.
Para el zaragocismo y para la afición azulgrana se abre ahora un tiempo de reconstrucción, de revisión y de decisiones importantes. Para el fútbol aragonés, en cambio, queda una certeza dolorosa: por primera vez en mucho tiempo, Aragón se queda fuera del fútbol profesional.





