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domingo, mayo 24, 2026
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Las primeras declaraciones de jugadores del Real Zaragoza tras consumarse el descenso: Los jugadores tienen la culpa, pero no solo ellos

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El Real Zaragoza ya ha comenzado a exteriorizar el dolor de un descenso que deja al club fuera del fútbol profesional. Tras certificarse la caída a Primera RFEF, varios protagonistas han comparecido con gesto serio, tono autocrítico y un mensaje común: lo ocurrido no puede entenderse como un accidente aislado, sino como la consecuencia de un deterioro prolongado que exige una revisión profunda en todos los niveles de la entidad.

Uno de los primeros en alzar la voz fue Keidi Bare, que puso el foco tanto en la dimensión del club como en la necesidad de una autocrítica general. El centrocampista no escondió la gravedad del momento y dejó una reflexión que resume bien el estado de ánimo del zaragocismo. “Pedir disculpas a la afición, a toda la ciudad. El Real Zaragoza no merece esto”, afirmó. Pero no se quedó ahí. También apuntó hacia una crisis estructural que, a su juicio, va mucho más allá de esta temporada: “Todo el mundo le debe dar una vuelta. No es casualidad que el club esté 14 años en Segunda. Hay que darle una vuelta desde arriba y también los jugadores”.

Las palabras de Keidi tienen especial peso porque no se limitan al lamento del descenso inmediato, sino que conectan esta caída con una decadencia prolongada del club. Su análisis mezcla responsabilidad interna, frustración deportiva y la sensación de que el Zaragoza lleva demasiado tiempo alejándose de lo que representa por historia, masa social y tradición. “Toda la plantilla ha sufrido mucho. Es muy duro”, añadió, reflejando también el desgaste emocional de un vestuario que ha terminado hundido tras una campaña marcada por la ansiedad, las lesiones, los errores y la falta de respuestas.

Pese a todo, el albanés quiso dejar un mensaje de respeto hacia la grandeza histórica del escudo y de fe en una futura reconstrucción. “Todos soñamos en jugar en clubes grandes como el Real Zaragoza. Es un club muy grande, que tarde o temprano estará donde merece, con una afición que lo apoya en cualquier lado”, explicó, antes de asumir que el golpe tardará en cicatrizar: “Serán días muy duros, pero hay que seguir. No hay más”.

En una línea parecida se expresó Raúl Guti, uno de los jugadores más vinculados sentimentalmente al club y cuya voz también retrata el hundimiento moral del vestuario. El canterano comenzó agradeciendo el esfuerzo colectivo, pero sin esconder la enorme decepción por una temporada que considera indigna del escudo. “Agradecer al vestuario y los compañeros. Hemos sufrido muchísimo. Es un cúmulo de cosas durante todo el año. No hemos estado a la altura del escudo”, reconoció.

Guti fue todavía más contundente al analizar cómo se ha llegado a este desenlace. Para él, la temporada ha sido una advertencia ignorada durante demasiado tiempo. “Ojalá sea un antes y un después para el club. Cuando juegas con fuego, te acabas quemando, como este año”, sentenció. Su frase resume el sentir de buena parte del entorno: el Zaragoza ha convivido durante demasiadas temporadas con el riesgo, hasta que finalmente la caída se ha consumado.

El centrocampista también incidió en una idea especialmente dolorosa: el contexto competitivo había ofrecido una oportunidad evidente para evitar el desastre, pero el equipo no fue capaz de aprovecharla. “Este año la salvación ha estado muy barato, y nos lo han puesto muy fácil, y no hemos sabido sacarlo adelante”, admitió. A partir de ahí, rechazó cualquier intento de escudarse en factores externos y asumió la principal responsabilidad desde dentro del vestuario: “No hay que hablar de excusas. Los principales culpables somos los jugadores, aunque no ayuda todo lo demás”.

Esa última matización, “aunque no ayuda todo lo demás”, deja entrever que el problema no se limita al césped. Guti también recordó que el club arrastra demasiados años de desgaste y sufrimiento: “El club lleva muchos años en Segunda, y estos años sufriendo bastante”. Su deseo, como el de Keidi, pasa por que este golpe sirva para remover conciencias y provocar un cambio real: “Ojalá esto sirva de aprendizaje y sea un antes y un después, como otros clubes”.

Preguntado por su futuro, Guti evitó cualquier personalismo y prefirió volver al dolor colectivo. “Ahora mismo estoy muy dolido por mis compañeros. Hemos sufrido muchísimo, nadie se lo imagina”, aseguró. Y dejó una frase que muestra hasta qué punto el entorno se ha vuelto irrespirable: “De puertas afuera, cada uno puede pensar lo que quiera. Sé que, haga lo que haga, parecerá que lo hago mal”. Aun así, quiso proteger el lado humano del grupo: “Hay un grupo humano espectacular. Nos duele mucho”.

También habló David Navarro, que puso el foco en el sufrimiento de la afición y en la necesidad de iniciar un duelo antes de pensar en el futuro. “Me duele por toda la gente, que viaja y nos apoya”, señaló el técnico. Y asumió que, aunque se ha intentado reaccionar, el resultado final es devastador: “Hemos hecho lo que hemos pedido, pero siempre se puede hacer algo más. El resultado es el que es. Ahora toca dejar pasar esta mierda, hacer el duelo, y ya está”.

Más allá del golpe inmediato, Navarro utilizó una imagen potente para explicar la situación de la entidad. “El club es una roca fuerte, pero hay gotitas que van erosionando”, dijo, en referencia a un deterioro progresivo que ha ido debilitando al Zaragoza con el paso de los años. Según el entrenador, dentro del club se trabaja en corregir esas grietas: “Se está en ello, en ir tapando todas las gotitas, para que la roca vuelva a ser lo fuerte que ha sido”. Sin embargo, reconoció que la reconstrucción no partirá desde una base sólida: “Se está en el camino, pero no empezamos de 0, habrá que empezar desde más atrás”.

Ese “más atrás” resume hoy la dimensión del hundimiento. El Real Zaragoza cae a Primera RFEF con una herida institucional, deportiva y emocional profundísima. Los jugadores piden perdón, asumen culpas y reclaman una reflexión de fondo. La afición, mientras tanto, asiste atónita al final de una deriva que llevaba demasiados años bordeando el precipicio. Ahora ya no hay margen para discursos vacíos. Solo queda comprobar si esta vez el golpe servirá realmente para cambiar algo.

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