Estos días se cumplen ocho años de la moción de censura que alzó a Sánchez a la presidencia del Gobierno. Recordemos que el motivo esgrimido para justificarla fue la regeneración de la vida pública a raíz de la reciente sentencia, entonces, del caso Gürtel. En ella aparecía probada la existencia de una caja B en el PP y la manipulación de contrataciones públicas, con sobornos a cambio de adjudicaciones, además de la sospecha de que Rajoy no había sido veraz en su testimonio. Pero si después de los ocho años trascurridos alguien cree que el apoyo de los partidos nacionalistas a la moción de censura que tumbó a Rajoy tuvo algo que ver con la lucha contra la corrupción es de una ingenuidad enternecedora. El famoso discurso de Ábalos fue una magnífica representación teatral, sólo eso; fue absoluta y radicalmente falso, no por la calaña del personaje, que ya venía corrupto de casa, sino porque no era otra cosa que un velo con el que ocultar los verdaderos motivos de los apoyos que se habían comprado y el precio a pagar por ellos. Aquel discurso hubiera sido falso aunque lo hubiera pronunciado cualquier otro. Hoy creo que está meridianamente claro que la moción de censura tuvo su origen en la negociación, que seguramente se remontaba incluso a meses antes de que se conociera la sentencia -que se aprovechó como detonante-, y cuya dirección se ha atribuido recientemente Iván Redondo y en la que otros sugieren que pudo intervenir Zapatero. En esos pactos se acordó una enmienda a la totalidad del programa electoral socialista y de las promesas de Sánchez: indultos y amnistía para unos, excarcelación de etarras para otros, y más competencias, condonación de la deuda, financiación privilegiada, plurinacionalidad… Esas cosas que hemos visto y otras que veremos. A los interlocutores de aquellas negociaciones tuvo que revelárseles entonces la verdadera naturaleza de Sánchez y el valor de su palabra. Había prometido en campaña unas cosas cuyo incumplimiento, uno tras otro, les estaba vendiendo ahora. Y se lo compraron, claro. Y desde ese día Sánchez ha estado en sus manos, porque nunca ha ganado las elecciones y necesita hasta el último voto de sus socios de investidura: si no hubiera indultado a los golpistas, si no estuviera excarcelando etarras, ya no sería presidente. ¿Son muy diferentes los escándalos que hoy están surgiendo de aquellos del PP? No, son incluso peores. Y sin embargo los nacionalistas, y ya no digamos Sumar, callan, hacen algún mohín de disgusto y fijan un curioso límite moral: la financiación irregular del PSOE si llegara a demostrarse. ¿No son corrupción, gravísima además, los casos que se van conociendo? Sí, pero no son suficientes. ¿Por qué? Porque los acuerdos alcanzados con Pedro Sánchez son otros, siguen vivos, les están resultando extraordinariamente rentables y no se van a malograr por estas cuestiones. Miriam Nogueras lo resumió de forma inapelable: “Vamos a sacar todo lo que podamos para los catalanes. Este país no nos importa.” Isabel Díaz Ayuso ha expresado su certeza de que los nacionalistas vascos y catalanes no van a dejar caer a Sánchez ni van a apoyar, por tanto, una moción de censura contra él. La cito literalmente: “Los socios buscan siempre nuevas excusas para no confesar que no romperán porque cada día van soltando a presos terroristas; van adquiriendo competencias que son impropias para crear naciones paralegales; van ganando dinero en las empresas públicas y privadas que han colonizado para devolverse favores”. Comparto su opinión. La moción de censura no prosperaría en ningún caso. Felipe González, con esa astucia que siempre le caracterizó, la ha desaconsejado a raíz de la reciente imputación de Zapatero. No hay que desviar la atención con otras cosas, ha dicho: que se hable de esto. ¿Podrá contar con los apoyos nacionalistas un Gobierno que necesariamente, parece, a raíz de los últimos resultados electorales y de todas las encuestas, habrá de ser de coalición entre PP y VOX? Categóricamente, no. Un futuro gobierno tendría que ser una enmienda a la totalidad del de Sánchez y de todas sus concesiones a los nacionalistas. No podrá contar con ellos. Al revés, los tendrá enfrente.
Julio Calvo Iglesias
Exconcejal del Ayuntamiento de Zaragoza






