Del cielo de París al fondo de Segunda División

Hay fechas que no deberían necesitar explicación en Zaragoza. El aniversario de la Recopa de París no es solo el recuerdo de un título. Es la fotografía de lo que fue este club cuando competía con los grandes de Europa sin complejos, cuando su escudo imponía respeto, cuando su camiseta representaba ambición, talento, carácter y un orgullo colectivo que parecía indestructible. París no fue un accidente. Fue la consecuencia natural de un Real Zaragoza grande de verdad.

Por eso duele tanto mirar hoy al club.

Mientras se evoca aquel gol eterno de Nayim, aquella noche irrepetible y aquella felicidad que marcó a varias generaciones, la realidad actual golpea con una crueldad casi obscena: el Real Zaragoza está a las puertas del descenso del fútbol profesional. No hablamos de un mal año aislado, de una crisis puntual o de una mala racha que se arregla con dos fichajes y un cambio de entrenador. Hablamos del resultado de demasiadas temporadas de decadencia, de errores acumulados, de decisiones pésimas y de una pérdida paulatina de identidad que ha ido vaciando al club por dentro.

Esa es la tragedia de este momento.

No se trata solo de que el Zaragoza pueda caer a Primera RFEF. Se trata de que el mismo club que un 10 de mayo levantó una Recopa hoy no es capaz ni de sostenerse con dignidad en Segunda División. Se trata de que donde antes había jerarquía ahora hay fragilidad. Donde antes había futbolistas capaces de cambiar partidos e historia, ahora hay una plantilla que transmite miedo, ansiedad y una alarmante falta de peso competitivo. Donde antes había una estructura de club reconocible, hoy hay desorientación, improvisación y la sensación de que casi nadie ha estado a la altura de la responsabilidad histórica que tenía entre manos.

El contraste es brutal.

París representa la cima de una institución que sabía quién era. El presente retrata a un Zaragoza que hace tiempo dejó de comportarse como el club que dice ser. Porque un club grande no lo es solo por su pasado, sino por cómo protege su escudo en el presente. Y eso es precisamente lo que más ha fallado aquí. Se ha gestionado mal el primer equipo, se ha debilitado la cantera, se han encadenado proyectos sin coherencia, se han firmado plantillas mal construidas y se ha terminado por normalizar una mediocridad que hace años habría sido insoportable.

Lo más duro para el zaragocismo no es solo ver al equipo tan abajo. Lo más duro es comprobar que el hundimiento no llega de una desgracia imprevisible, sino de una larga cadena de negligencias. El posible descenso no sería una maldición: sería una consecuencia. La consecuencia de no haber entendido durante demasiado tiempo qué significa dirigir al Real Zaragoza.

Y, sin embargo, precisamente por ser el aniversario de París, también conviene recordar algo más. Aquel Zaragoza no nació de la nada. No surgió porque sí. Fue el fruto de una cultura competitiva, de una exigencia, de una ambición y de una conexión sentimental entre club, ciudad y afición que hoy parecen muy lejanas, pero que siguen ahí, enterradas bajo capas de frustración. El problema es que el escudo sigue teniendo memoria, pero quienes lo han administrado en estos años no han sabido honrarla.

Hoy Zaragoza mira a París con nostalgia, sí, pero también con rabia. Porque el recuerdo de la Recopa no sirve solo para emocionarse. Sirve para medir la magnitud del derrumbe. Sirve para entender todo lo que se ha perdido. Sirve para preguntarse cómo se ha permitido que un club capaz de conquistar Europa haya terminado peleando por no desaparecer del mapa profesional del fútbol español.

Hay aniversarios que deberían celebrarse. Este, además, obliga a reflexionar. Porque entre el gol de Nayim y este presente insoportable no solo han pasado años. Han pasado demasiadas malas decisiones.

Y esa es la herida real del zaragocismo: saber que el club que una noche tocó el cielo europeo hoy vive mirando al abismo.

¿En busca de tarjetas?

La imagen que dejó el Real Zaragoza en Valladolid no solo empeoró la clasificación. También abrió otra sospecha mucho más incómoda en el zaragocismo: la sensación de que hay futbolistas que, en el momento más crítico de la temporada, desaparecen demasiado rápido del mapa.

El caso del pasado fin de semana resulta difícil de ignorar. Carlos Pomares, que no jugaba desde el 10 de enero, entró en el minuto 79 y vio la quinta amarilla en el 81. Mario Soberón, que no participaba desde el 5 de abril, entró también en ese tramo final y fue expulsado en el 83. Dos jugadores recién reaparecidos, dos ausencias automáticas para la siguiente jornada, dos problemas más para un equipo que ya no tiene margen de error.

Y ahí aparece la duda que muchos aficionados se hacen abiertamente: si esto es simple mala fortuna, nerviosismo competitivo o algo peor. Porque el contexto ya no permite mirar estas acciones como anécdotas aisladas. El Zaragoza se está jugando la supervivencia, necesita absolutamente a todos y, sin embargo, da la impresión de que cada semana hay alguien que se cae, alguien que desaparece o alguien que se borra del combate antes de tiempo.

Lo de Pomares llama especialmente la atención. Después de casi cuatro meses sin jugar, su regreso duró apenas dos minutos antes de quedar sancionado por acumulación. En cualquier otro escenario podría hablarse de inercia, falta de ritmo o exceso de ímpetu. Pero en este Zaragoza, con la temporada deshecha y la tensión por las nubes, el aficionado ya no concede el beneficio de la duda con tanta facilidad. Demasiadas veces se ha encontrado con jugadores que reaparecen sin continuidad, con futbolistas que parecen estar siempre a un paso de volver pero nunca terminan de estar, o con presencias testimoniales que aportan poco más que desconcierto.

Tampoco pasa desapercibido lo de Soberón. Entró con el partido todavía vivo y en cuestión de minutos se marchó expulsado. No fue una tarde cualquiera ni un encuentro de trámite. Era una final encubierta, otra más. Y en ese contexto, una roja así alimenta la idea de un equipo superado por la situación, sí, pero también la sospecha de que no todos están dispuestos a sostener el peso de este escudo cuando el barro llega al cuello.

El problema es que esta sensación no nace solo de dos acciones puntuales. Se acumula desde hace meses. Lesiones extrañas, recaídas, ausencias largas, jugadores que no cuentan, otros que reaparecen sin continuidad, futbolistas que parecen estar siempre disponibles en teoría pero casi nunca en la práctica. En un vestuario con tantos contratos cortos, tantas cesiones y tanto futuro individual pendiente del verano, el miedo del zaragocismo es lógico: que más de uno esté pensando ya en su siguiente destino antes que en salvar al club.

Las cifras disciplinarias tampoco ayudan a calmar ese malestar. El Zaragoza ya suma 14 expulsiones esta temporada, un dato salvaje para un equipo que pelea por no caer al abismo. No parece un grupo fiable, sereno ni preparado para competir bajo presión extrema. Más bien transmite lo contrario: ansiedad, desconexión y una alarmante falta de control en los momentos decisivos.

Para el partido ante el Sporting no estarán Pomares ni Soberón. Regresarán Saidu y Tasende tras cumplir sanción, pero el debate ya está abierto. No solo sobre quién juega, sino sobre quién quiere de verdad jugar esta pelea hasta el final. Porque a estas alturas ya no basta con estar en la convocatoria, ni con reaparecer unos minutos, ni con dar señales de vida. Ahora toca demostrar que nadie se está borrando. Y en este Zaragoza, visto lo visto, esa duda ya forma parte del paisaje.

Aragón reduce el tiempo de resolución en dependencia a 126 días, muy por debajo de la media nacional

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La gestión de la dependencia en Aragón muestra avances significativos, según los últimos datos actualizados a 30 de abril de 2026. Actualmente, más de 50.400 personas reciben atención en la Comunidad Autónoma, marcando un nuevo récord en beneficiarios. Este incremento, que supera las 46.129 personas atendidas en abril de 2025, representa un aumento de más de 4.200 usuarios en solo un año.

**Mejora en el tiempo de resolución de expedientes**

Uno de los aspectos más destacados es la reducción en el tiempo medio de resolución de los expedientes, que se sitúa en 126 días. Este plazo es tres días menor que el mes anterior y 49 días inferior al de abril de 2025, cuando se registraron 175 días. Esta mejora posiciona a Aragón como la segunda Comunidad Autónoma más eficiente en la gestión de la dependencia en España, con un tiempo de tramitación 203 días por debajo de la media estatal, que es de 329 días.

Además, el número de expedientes pendientes de resolución ha disminuido, contabilizando 4.045 en abril de 2026, en comparación con los 4.574 del año anterior, lo que equivale a una reducción cercana al 12%. De estos, solo 80 expedientes llevan más de seis meses esperando resolución, una cifra notablemente baja en comparación con años anteriores.

**Cifras récord en prestaciones y servicios**

Aragón también ha alcanzado cifras récord en otros indicadores clave. Actualmente, hay 62.360 expedientes activos, el volumen más alto registrado hasta la fecha. El denominado “limbo de la dependencia”, que se refiere a los expedientes pendientes de Plan Individual de Atención (PIA), se ha reducido a 80 casos, el mejor dato histórico en este sentido.

En términos de prestaciones, el sistema cuenta con 66.742 prestaciones en vigor, con un crecimiento sostenido tanto en servicios como en prestaciones económicas. La Prestación Económica de Cuidados en el Entorno Familiar, con contrato de colaboración, ha llegado a 1.373 beneficiarios, superando las expectativas iniciales en su primer año de implantación. Asimismo, la Ayuda a Domicilio ha alcanzado a 6.421 beneficiarios, y la teleasistencia cuenta con 11.395 usuarios, lo que refuerza el modelo de atención centrado en la permanencia en el entorno habitual y la promoción de la autonomía personal.

Un nuevo programa en el Hospital Obispo Polanco de Teruel mejora la vida de pacientes con estomas

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El Hospital Universitario Obispo Polanco de Teruel ha inaugurado una Escuela de Pacientes Ostomizados, un espacio diseñado para apoyar a las personas que viven con un estoma. Esta iniciativa, impulsada por el equipo de Enfermería de Consultas Externas en colaboración con el servicio de Cirugía General, tiene como objetivo ofrecer información y formación que ayude a los pacientes a adaptarse a los cambios que conlleva esta condición.

**Objetivos de la Escuela de Pacientes Ostomizados**

El proyecto busca proporcionar una atención integral que aborde las necesidades físicas, emocionales y sociales de quienes tienen un estoma. La evidencia sugiere que el intercambio de experiencias entre pacientes puede mejorar la autogestión de la salud y el bienestar emocional. La creación de un estoma puede impactar significativamente la vida de una persona, y por ello, la Escuela se centra en dotar a los participantes de herramientas y conocimientos que faciliten su autonomía en la vida diaria.

La enfermera estomaterapeuta del centro, Jessica Martín, lidera la iniciativa, que se propone humanizar la atención sanitaria y responder de manera integral a las necesidades de estos pacientes. Además de la formación, la Escuela se establece como un punto de encuentro para compartir vivencias y resolver inquietudes.

**Equipo multidisciplinar para una atención integral**

El programa cuenta con la participación de un equipo multidisciplinar que incluye profesionales de Cirugía General, Psicología, Fisioterapia, Trabajo Social y Nutrición, con el fin de adaptar la atención a las necesidades individuales de cada paciente. La Escuela comenzó su actividad el 11 de marzo y, hasta la fecha, ha realizado cuatro sesiones con la participación de aproximadamente veinte pacientes.

Un estoma es una abertura creada quirúrgicamente para permitir funciones del organismo en situaciones donde la vía natural no es viable. Esta condición puede ser temporal o permanente, dependiendo de la situación clínica del paciente, y se utiliza en casos de diversas patologías, incluyendo ciertos tipos de cáncer colorrectal y enfermedades intestinales graves.

Balonmano Dominicos logra clasificar a infantiles y juveniles entre los 8 mejores de España

Balonmano Dominicos ha alcanzado un hito en el balonmano base nacional al clasificar a sus equipos infantil y juvenil masculino para la gran final nacional, donde solo compiten los ocho mejores conjuntos del país. Este logro se produjo en un fin de semana en el que ambos equipos lograron el pleno de victorias en sus respectivas fases de sector, completando seis partidos con seis triunfos.

**Camino a la clasificación**

El viernes, los juveniles iniciaron su andadura con una victoria contundente sobre Proin Sevilla, con un marcador de 35-22. Por su parte, los infantiles también lograron una victoria significativa ante el Colegio Cisne Los Sauces, cerrando el partido con un 33-21. Con estos resultados, la atención se centró en el sábado, donde se necesitaban más victorias para asegurar la clasificación.

Los jóvenes de Luis Millán, reconocido como uno de los entrenadores con mayor proyección en Aragón, no decepcionaron y derrotaron a Maristas de Cartagena por 41-13. Los infantiles, bajo la dirección de Carlos Colomer, también lograron una victoria contundente ante Elda, con un marcador de 41-26, lo que dejaba todo listo para el decisivo domingo.

**Decisivo fin de semana**

El domingo, en el pabellón Perico Fernández, se llevó a cabo un enfrentamiento esperado entre Dominicos y KH7 Granollers en la categoría juvenil. En un ambiente de alta tensión y con el apoyo de un público entusiasta, los blanquinegros se impusieron por 28-22. Antes de este partido, los infantiles también aseguraron su lugar en la final nacional al vencer a Decotena Pulpo por 33-18.

Con estos resultados, Balonmano Dominicos se convierte en un referente del balonmano base en Aragón, y ahora fija su atención en la próxima semana, donde el infantil femenino y el cadete masculino buscarán replicar el éxito de sus compañeros en la gran final nacional.

Aragón destaca en el congreso europeo de gestión de la investigación en Utrecht

Profesionales de la gestión de la investigación de Aragón han asistido esta semana al congreso anual de la Asociación Europea de Gestores de Investigación y Administradores (EARMA) en Utrecht. Este evento, uno de los más relevantes a nivel europeo, ha congregado a 1,800 asistentes de más de 40 países, siendo España el segundo país con mayor representación después del anfitrión.

**Participación de instituciones aragonesas**

La delegación aragonesa ha estado compuesta por personal del Instituto de Investigación Sanitaria de Aragón (IIS Aragón), el Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud (IACS), el Instituto de Nanociencia y Materiales de Aragón (INMA, CSIC‑Universidad de Zaragoza), el Campus Iberus y la Agencia Aragonesa para la Investigación y el Desarrollo (ARAID). Durante el congreso, se han discutido temas relevantes como el uso de la inteligencia artificial en la investigación y las novedades del futuro 10º Programa Marco de investigación europeo, que reemplazará al actual Horizon Europe en 2027.

**Nuevas tendencias y buenas prácticas**

Entre las iniciativas presentadas, destaca el Programa de Movilidad de Personal Gestor de la red de entidades gestoras de investigación clínica (REGIC), coordinado por el IIS Aragón. Asimismo, se ha mencionado la plataforma CORMES, que busca profesionalizar y reconocer el trabajo del personal de gestión de la investigación en España. La participación en este congreso ha permitido a los profesionales aragoneses establecer conexiones valiosas con colegas de otras naciones y conocer las últimas tendencias en la gestión de la investigación.

David Navarro lo admite: «Estamos en ese punto de querer y no poder»

David Navarro compareció tras la derrota del Real Zaragoza con un discurso tan crudo como realista. El técnico blanquillo reconoció que el equipo volvió a pagar caro otro error en una acción a balón parado, asumió que el gran problema de la temporada sigue estando en la falta de contundencia en las dos áreas y dejó una reflexión que resume el momento del conjunto aragonés: “Estamos en ese punto, de querer y no poder”.

El entrenador zaragocista comenzó su análisis lamentando que un nuevo detalle condenara a su equipo en un partido en el que solo valía ganar. “Creo que ya, que incluso viene con alguna falta que podemos, balón esquinado que podemos, creo que hacer algo más”, explicó sobre la acción que terminó originando el primer tanto. Aun así, evitó detenerse únicamente en esa jugada y dejó claro que, más allá de cualquier matiz táctico o técnico, el resumen era sencillo: “El equipo lo ha intentado, creo que cualquier análisis que hagamos a nivel deportivo, pues se reduce a que teníamos que ganar y no lo hemos hecho”.

Navarro también incidió en uno de los males estructurales de este Zaragoza, el balón parado defensivo. Recordó que el equipo arrastra durante toda la temporada un déficit evidente en ese tipo de acciones y señaló que la estadística lo confirma. “Es normal que el equipo lleve un déficit durante toda la temporada de encajar goles a balón parado”, afirmó, antes de añadir que ahí también pesan los perfiles de la plantilla: “Hay una cosa que es obvia, que son los centímetros que puedes poner en el campo, que eso te ayuda o te perjudica”.

En su valoración del gol encajado, Navarro dejó claro que el equipo debió defender mejor. “Ha rematado bastante limpio”, dijo, para después subrayar que “hay mucha gente en el área para que remate con un metro de ventaja. Entonces ahí tenemos que hacer más”. Sobre el segundo tanto, ya en el tramo final, optó por relativizarlo dentro del contexto global del encuentro: “El segundo gol, pues al final estás volcado… es lo de menos. Íbamos 1-0, no hemos hecho gol, ni siquiera para hacer un punto”.

Más allá del resultado, el técnico insistió en que la raíz del problema sigue siendo la misma desde hace meses. “El mal del equipo se resume todo el año en la falta de contundencia en ambas áreas”, aseguró. Y esa, a su juicio, es la clave de cualquier intento de reacción en estas últimas jornadas: “Eso es lo que hay que solucionar para el hilito de vida, el hilito que hay, que no se vaya”.

Cuestionado por el plano emocional y por la sensación de que algunos futbolistas quizá no son plenamente conscientes de lo que supone un descenso para la historia del club, David Navarro evitó poner en duda la implicación de sus jugadores. “No lo sé, yo no creo que los jugadores no quieran, vamos, si no estaría sentado aquí”, respondió. Para el entrenador, el problema no es de voluntad, sino de bloqueo competitivo. “Ellos lo han intentado… El problema es cuando te da la sensación de que quieres y no puedes. Y creo que estamos en ese punto, de querer y no poder”.

Navarro explicó además que la situación deportiva se ve agravada por múltiples condicionantes, entre ellos las limitaciones de plantilla y la gestión de las fichas sub-23, que en algunos momentos condicionan hasta los cambios durante el partido. “Son muchas cosas, son muchas cosas. No creo que se pueda resumir en una el motivo”, señaló, descartando que exista una sola causa detrás del deterioro del equipo.

Pese al golpe, el entrenador no se rinde. Admitió que el margen de error es ya mínimo y que las cuentas cada vez son más ajustadas, pero se negó a dar al Zaragoza por muerto. “La única manera que tenemos de asegurar el descenso es darlo por hecho”, advirtió. En su mensaje final, volvió a apelar a la imprevisibilidad del fútbol y a la necesidad de encontrar una solución distinta a la actual. “Mientras sigamos peleando… hay que encontrar otra manera. Porque con la que estamos haciendo no nos da”, concluyó.

El Real Zaragoza vuelve a perder y solo queda creer en el milagro (2-0)

Al Real Zaragoza ya no le quedan argumentos, apenas le queda fe. Una fe cada vez más débil, más golpeada, más difícil de sostener, pero que sigue ahí porque las matemáticas todavía no han dictado sentencia definitiva. En Valladolid, el equipo aragonés volvió a caer, volvió a llegar tarde a todo y volvió a demostrar que su problema no es solo futbolístico: es anímico, estructural y casi existencial. El 2-0 de Zorrilla deja al Zaragoza al borde del abismo y con una única salida posible: creer en un milagro.

El partido empezó como empiezan los encuentros de los equipos condenados. Sin tiempo para acomodarse, sin margen para el error y, por supuesto, con error. A los cuatro minutos, el Valladolid ya mandaba en el marcador. Un saque de esquina botado por Mathis Lachuer encontró la cabeza de Juanmi Latasa, que remató por bajo al palo izquierdo para hacer el 1-0. Demasiado pronto. Otra vez demasiado pronto. El Zaragoza volvía a ponerse por detrás antes casi de haber entrado en el partido, como si la losa del descenso pesara tanto que ni siquiera le dejara arrancar.

Y, sin embargo, el equipo de David Navarro no se cayó de inmediato. Intentó levantarse entre interrupciones, faltas y problemas físicos. Toni Moya, El Yamiq y Marcos Cuenca tuvieron que ser atendidos en distintos momentos de la primera mitad, una imagen que también retrata perfectamente la temporada: un equipo roto, remendado y obligado a sobrevivir más que a competir. Aun así, el Zaragoza generó alguna llegada. Dani Gómez tuvo dos ocasiones bastante claras, ambas repelidas por Álvaro Aceves, primero en el minuto 35 y luego en el 42. Entre medias, Rober trataba de agitar algo desde el costado y Cuenca se vaciaba como podía, pero todo parecía insuficiente, forzado, sin continuidad.

El Valladolid, sin hacer un partido brillante, entendió mejor el guion. Se sintió cómodo con ventaja, se protegió con orden y fue llevando el encuentro a un terreno donde el Zaragoza sufre casi siempre: el de la ansiedad. Cada minuto sin empate pesaba como una piedra. Cada balón dividido parecía una final. Cada centro al área, una mezcla de esperanza y desesperación.

Tras el descanso, David Navarro movió ficha. Ale Gomes entró por El Yamiq, luego Hugo Pinilla por Marcos Cuenca y más tarde Kenan Kodro para intentar cambiar el aire del ataque. El Zaragoza quiso dar un paso adelante, y durante algunos minutos dio la sensación de que podía arañar algo. Dani Gómez cabeceó fuera en el 53, Toni Moya probó desde lejos en el 64, Pablo Insua rozó el gol de cabeza en el 58 y Kodro estrelló un remate en el poste en el 69. Ahí estuvo el partido. Ahí estuvo quizá la última gran oportunidad del Zaragoza de cambiar su destino en Zorrilla. Pero el balón escupido por la madera resumió la noche: ni cuando la acaricia, le entra.

A partir de ahí, el reloj empezó a comerse al Zaragoza. El Valladolid se protegió, manejó los tiempos, enfrió el juego y esperó su momento. Mario Soberón entró en el 78, pero su aportación fue un reflejo más del desconcierto general: en el 80 obligó al portero local a intervenir con un disparo raso desde fuera del área y en el 82 vio la roja directa tras una falta sobre Juanmi Latasa. Otra expulsión. Otro lastre. Otro detalle impropio de un equipo que se está jugando la vida.

Con uno menos, ya al límite de las fuerzas y del ánimo, el Zaragoza se lanzó hacia adelante más por obligación que por convicción. Y ahí encontró el Valladolid la sentencia. En el minuto 86, una contra liquidó cualquier esperanza. Ángel Carvajal recibió dentro del área y fusiló para hacer el 2-0. Fin de la historia. O casi.

Porque el problema para el Zaragoza no es solo perder. Es la manera en la que pierde. La sensación de fragilidad permanente. La impresión de que cada golpe duele el doble. La certeza de que el equipo compite a ratos, pero no domina casi nunca. La idea de que todo exige muchísimo y casi nada sale bien. En Valladolid volvió a quedar claro: hay intención, puede haber orgullo, incluso puede haber momentos de reacción, pero falta contundencia, falta claridad y, sobre todo, falta victoria.

Ahora sí, al Zaragoza solo le queda creer en el milagro. No porque haya dado motivos para ello en las últimas semanas, sino porque el fútbol, a veces, concede una última rendija incluso a los equipos que parecen desahuciados. El problema es que ya no basta con esperar fallos ajenos. El Zaragoza necesita empezar a ganar. Y eso, hoy por hoy, parece casi lo más difícil de creer.

¿Golpe definitivo a la fe zaragocista?

El Real Zaragoza se asoma al abismo. Lo vivido este sábado 9 de mayo en el Estadio José Zorrilla no fue solo una derrota más; fue un ejercicio de impotencia que deja al equipo herido de muerte y a la afición sumida en lo que ya se califica como «días de terror». El 2-0 ante el Real Valladolid refleja fielmente la realidad de un bloque que, aunque lo intenta, parece condenado por su falta de contundencia en ambas áreas.

Una losa desde el inicio

El guion de la tragedia comenzó a escribirse demasiado pronto. En el minuto 4, un córner botado por Lachuer encontró el cabezazo de Latasa, quien libre de marca puso el 1-0. Ese gol fue un mazazo psicológico para un Zaragoza que llegó a Pucela con la soga al cuello.

A pesar del golpe, el equipo de Víctor Fernández (representado en el campo por la alineación de A. Rodríguez, Keidi Bare y Toni Moya) intentó reaccionar y llegó a controlar la posesión en varias fases del encuentro. Sin embargo, la historia de toda la temporada se repitió: la «pólvora mojada» volvió a ser protagonista. El Zaragoza disparó, buscó el área, pero se estrelló una y otra vez contra un sólido Álvaro Aceves que creció bajo los palos locales.

El palo de Kodro y el colapso final

La esperanza tuvo su momento de máximo esplendor y crueldad en el minuto 70. Un remate de Kodro superó a la defensa vallisoletana, pero el balón impactó en el poste, privando al zaragocismo de un empate que habría cambiado el signo del partido.

A partir de ahí, el equipo se desmoronó. En el minuto 79, una falta de entendimiento entre dos atacantes visitantes en el área pequeña desperdició una ocasión clarísima. La puntilla definitiva llegó en el minuto 82 con la expulsión por roja directa a Soberón, dejando al equipo en inferioridad numérica justo cuando más se necesitaba el milagro. Tres minutos después, en el 85, el canterano local Ángel Carvajal aprovechó un error defensivo tras un despeje de Tomeo para sentenciar el choque a puerta vacía.

Hundidos en el pozo

Tras este resultado, la situación clasificatoria es crítica y desgarradora. El Real Zaragoza se mantiene en la 21ª posición (penúltima) de la tabla con apenas 35 puntos tras 39 jornadas disputadas. Los números son el reflejo de una caída libre:

  • Seis partidos consecutivos sin conocer la victoria (el último triunfo data del 29 de marzo).
  • Una diferencia de goles de -20, con solo 33 tantos a favor en toda la temporada.
  • La permanencia, marcada provisionalmente por el Cádiz CF con 39 puntos, se aleja peligrosamente a cuatro unidades, a la espera de lo que hagan Mirandés y Huesca (ambos con 36) en sus respectivos encuentros.

El zaragocismo abandona Valladolid con la sensación de que el tiempo se agota. La fe se mantiene por historia, pero la realidad de la clasificación dicta que el equipo necesita un giro radical e inmediato para evitar un descenso que hoy parece más real que nunca

Se buscan voluntarios para cultivar 52 variedades de tomate en Teruel

El proyecto Siembra Teruel, impulsado por el Centro de Innovación en Bieconomía Rural de Teruel, busca la participación de la ciudadanía para cultivar 52 variedades locales de tomate. Esta iniciativa, financiada por el Fondo de Inversiones de Teruel (FITE) 2023, tiene como objetivo promover la conservación de estas variedades en la provincia.

**Adopta una variedad de tomate**

Los interesados en participar pueden “adoptar” una variedad de tomate, cultivándola en sus propios huertos. Para ello, deben enviar un correo electrónico a bancosemillasteruel@cita-aragon.es, indicando la localidad y comarca donde realizarán el cultivo. Con esta información, el equipo del proyecto asignará las variedades más adecuadas para cada participante.

El proyecto Siembra Teruel, coordinado por Cristina Mallor del CITA, también se beneficia de la colaboración del Ciclo Formativo de Grado Medio de Producción Agropecuaria del Centro de Formación Profesional San Blas, donde se han cultivado las plantas. Además, Pablo Játiva de El Huerto de Presi ha contribuido en la siembra y cuidado del plantero.

**Conservación de la biodiversidad local**

Los voluntarios que adopten las plantas deberán cuidarlas durante la campaña y compartir su evolución mediante un número de teléfono proporcionado por el proyecto. En septiembre, se recogerán los tomates en el CITA de Teruel para su estudio. También se prevé una cata de tomates locales para resaltar la diversidad y calidad de estas variedades.

Con esta acción, Siembra Teruel busca involucrar a la comunidad en la conservación de la biodiversidad cultivada y fortalecer la relación entre la investigación, la formación agraria y los huertos locales.