La derrota del Real Zaragoza en Andorra (2-1) dejó al equipo colista y a la afición tocada. Pero más allá de lo deportivo, el partido en el Nou Estadi d’Encamp ha abierto una herida institucional y emocional que trasciende el césped: más de un centenar de aficionados zaragocistas no pudieron acceder al estadio pese a haber adquirido sus entradas de manera legal a través de un seguidor residente en Andorra.
Según relatan los propios afectados, las entradas habían sido compradas correctamente fuera del cupo oficial de 140 localidades facilitado por el club andorrano al Real Zaragoza. Sin embargo, una parte significativa de esos tickets fue anulada de forma unilateral por el FC Andorra el mismo día del encuentro. Muchos seguidores desplazados —algunos tras cientos de kilómetros de viaje y con el consiguiente gasto en transporte y alojamiento— se encontraron en la puerta con la cancelación de sus localidades sin aviso previo.
El comunicado, 22 horas después
El Real Zaragoza no emitió comunicación oficial hasta 22 horas después de la finalización del partido, un retraso que también ha sido objeto de críticas. En su nota, el club señala que “lamenta profundamente” que “cerca de 50 aficionados zaragocistas no pudieran acceder al encuentro”, cifra que contrasta con la percepción de varios desplazados, que elevan el número por encima del centenar si se incluyen todas las incidencias.
El club explica que tuvo conocimiento “instantes antes del inicio del partido” y que realizó “todas las gestiones oportunas” para intentar revertir la situación. Según el comunicado, el FC Andorra justificó la anulación de las entradas alegando un supuesto caso de “reventa”, acogiéndose al derecho de admisión.
Desde Zaragoza se expresa “malestar por lo sucedido” y, especialmente, “por el perjuicio ocasionado a estos aficionados, que se desplazaron hasta Andorra sin haber sido informados previamente de la cancelación de sus entradas”.
Como medida compensatoria, el club ofrece a los afectados una invitación para uno de los próximos seis partidos —tres en casa (Burgos CF, UD Almería y Real Racing Club) y tres como visitante (Cádiz CF, RC Deportivo o CD Leganés)— y anuncia que se pondrá en contacto individualmente con cada uno de ellos.
La indignación de la grada
La reacción de los aficionados no se ha hecho esperar. En redes sociales y foros zaragocistas, el enfado es evidente, no solo contra el FC Andorra, sino también hacia la gestión institucional del propio Real Zaragoza.
Algunos mensajes resumen el sentir general:
- “No se debería haber empezado el partido sin la afición en la grada”.
- “Lo que tampoco habéis conseguido es que el Andorra se disculpe por decir que había sido reventa”.
- “Llevamos años pidiendo un responsable del club pendiente del acceso de la afición en todos los desplazamientos”.
- Y con amarga ironía: “El equipo entró también tarde al partido, por si podéis reclamar todo junto”.
Más allá del tono, el fondo es claro: los zaragoccistas merecen y reclaman una defensa más firme y preventiva por parte del club en este tipo de desplazamientos. No es la primera vez que se producen problemas de acceso en campos visitantes, y muchos consideran que debería existir una figura específica del club encargada de supervisar estas situaciones en coordinación con las entidades locales y las autoridades.
Un episodio que agrava la fractura
El conflicto se produce en un momento especialmente delicado. Con el equipo en descenso y el ambiente cargado por los resultados, la imagen de decenas de zaragocistas —algunos con niños— quedándose fuera del estadio pese a haber cumplido con los requisitos de compra ha generado una sensación de desprotección.
Para muchos, el problema no es únicamente la compensación posterior, sino la gestión previa y la falta de información anticipada. Que la cancelación se produjera sin aviso, que no hubiera una solución en tiempo real y que el partido comenzara mientras aficionados con entrada válida seguían fuera del recinto ha intensificado la frustración.
El Real Zaragoza ha intentado cerrar la crisis con el gesto de las invitaciones. Sin embargo, el episodio deja preguntas abiertas sobre la coordinación entre clubes, el uso del derecho de admisión en contextos de desplazamientos masivos y, sobre todo, sobre el papel que debe jugar una entidad centenaria en la protección activa de su afición.
Porque en una temporada en la que el equipo tambalea, la sensación que muchos se llevan de Andorra es que la única parte que sigue compitiendo siempre es la grada. Y esta vez, ni siquiera la dejaron entrar.






