El drama de la portería: Andrada ya no transmite nada y el Zaragoza necesita un golpe de timón

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Hay momentos en una temporada en los que sostener un debate deja de tener sentido. La portería del Real Zaragoza está ya en ese punto. No es una cuestión de gustos, ni de manías, ni de filias personales. Es una cuestión de supervivencia. Y ahora mismo, con el equipo peleando por no despeñarse, la sensación es clarísima: Esteban Andrada no transmite seguridad, no corrige errores colectivos y, en partidos decisivos, está dejando más dudas que certezas.

Y eso, en un equipo tan frágil como este, es letal.

Porque una cosa es que un portero no te gane partidos, y otra muy distinta es que te los condicione. El Zaragoza, tal y como está construido, no tiene margen para convivir con un guardameta dubitativo. No tiene gol, no tiene aplomo, no tiene consistencia emocional y encima tampoco tiene red bajo palos. Es demasiado para un equipo que vive permanentemente al borde del colapso.

Por eso el debate ya no debería existir. Debería haber una decisión. A problemas graves, soluciones drásticas. Si el que juega no ofrece garantías, tiene que entrar el otro. Y no por castigo, ni por escarnio público, sino por puro instinto de conservación. Cuando todo se hunde, el entrenador no puede seguir aferrado a inercias. Tiene que cambiar algo. Aunque sea para mandar un mensaje. Aunque sea para agitar el árbol. Aunque sea para recordar que aquí nadie tiene el puesto blindado.

Y, en ese sentido, a mí no me molesta en absoluto que Adrián se reivindique, que levante la mano, que diga aquí estoy. Al contrario. Me parece sano. Me parece necesario. Me parece incluso estimulante en una plantilla que lleva demasiado tiempo anestesiada. Quiero futbolistas con hambre, con ambición, con ego competitivo. Quiero tipos que crean que son mejores que el compañero y que quieran demostrarlo. Luego el entrenador decidirá. Pero peor sería el silencio resignado, la aceptación pasiva, la convivencia burocrática con el desastre.

El Zaragoza necesita incendio, sí. Lo necesita porque lleva semanas saliendo frío, blando, acomplejado, como si esperara que las cosas se resolvieran solas. Y eso en Segunda no ocurre jamás. Aquí o sales a morder o te comen. Y si el debate en la portería sirve para despertar algo, bendito debate.

Lo verdaderamente preocupante no es que haya ruido en esa posición. Lo verdaderamente preocupante es que, pese a todo, siga sin tomarse una decisión clara. Porque mientras se duda, pasan las jornadas. Y mientras pasan las jornadas, el Zaragoza se va vaciando.

Andrada ya no es solo un portero cuestionado. Es el símbolo de un equipo que no reacciona a tiempo. Y en este punto de la temporada, no cambiar es también una forma de rendirse.