El Deportivo Aragón consumó este fin de semana un descenso muy doloroso. La derrota en el descuento ante la UD Logroñés certificó matemáticamente la caída del filial blanquillo a Tercera RFEF, poniendo fin a una etapa de cuatro temporadas en Segunda RFEF en la que incluso se llegó a disputar el playoff de ascenso en 2024. El golpe es serio, no solo por la pérdida de categoría, sino porque retrata una temporada mal gestionada, inestable y marcada por errores que han acabado sepultando a un equipo que, hace no tanto, era competitivo y aspiraba a cotas mucho más altas.
El descenso del filial no puede entenderse como un accidente aislado. Es la consecuencia de una suma de factores que han ido empujando al equipo hacia abajo durante toda la campaña. La deficiente planificación del verano, la inestabilidad permanente del primer equipo y varios fallos graves en momentos decisivos han acabado por condenar al Aragón. Lo que debía ser un equipo de formación competitivo ha terminado convertido en un conjunto sin suelo firme, demasiado condicionado por todo lo que ocurría por encima y sin la consistencia necesaria para sobrevivir en una categoría exigente.
Aun así, en medio del golpe, Emilio Larraz quiso poner contexto y defender el trabajo realizado en los últimos años. El técnico de cantera no escondió el dolor por el descenso, pero recordó que el balance de fondo no puede reducirse solo a una clasificación. “Es un día muy triste para la cantera”, afirmó, antes de subrayar que perder la categoría “siempre es muy doloroso”.
Larraz, sin embargo, insistió en que este desenlace no debe borrar todo lo positivo construido en este ciclo. “Hay que poner en valor no solo el trabajo de los chicos, sino que los otros objetivos se han cumplido de forma sobresaliente”, explicó. Y ahí está seguramente una de las claves del debate: el filial ha descendido, sí, pero al mismo tiempo ha seguido siendo una vía real de alimentación para el primer equipo. “El soporte que se le ha dado estos cinco años al primer equipo ha sido excelente”, señaló el técnico.
Los datos que aporta son contundentes. “21 o 22 chavales nuestros han cumplido el sueño de debutar en el fútbol profesional”, recordó. No solo eso: muchos de ellos se han asentado arriba o han seguido creciendo fuera del club. “Muchos de ellos se han estabilizado en el primer equipo, muchos de ellos los vemos jugando en categorías superiores y nos hacen muy felices”, añadió.
Es decir, el descenso es un fracaso competitivo, pero no invalida la producción de talento de la Ciudad Deportiva. Larraz lo defendió con claridad: “No hay que tirar por tierra todas las cosas que los chavales han hecho bien”. Y fue todavía más allá al reivindicar el papel histórico de la cantera zaragocista: “Se ha vuelto a demostrar que la ciudad deportiva tiene capacidad para sacar muchos futbolistas para el fútbol profesional y así ha sido siempre y así seguirá siendo en el futuro”.
Ahora bien, esa lectura no debe servir como coartada para disimular lo ocurrido. El filial del Zaragoza no está solo para formar jugadores; también debe competir con dignidad y ofrecer un entorno adecuado para que ese crecimiento se produzca en una categoría exigente. Bajar a Tercera RFEF supone un retroceso evidente en ese proceso y obliga al club a reconstruir desde ya.
En ese contexto, ya empiezan a moverse nombres de cara al futuro de la estructura de cantera. Javier Garcés aparece como el mejor colocado para asumir la dirección de cantera del Real Zaragoza, una vez descartada la opción de Ismael Arilla, que no puede romper su contrato con el Deportivo de La Coruña hasta 2027. El club, por tanto, tendrá que redefinir su hoja de ruta en una parcela estratégica.
El descenso del Deportivo Aragón no es solo una mala noticia para el filial. Es un aviso para todo el Real Zaragoza. Porque cuando el equipo de abajo cae, no cae solo una categoría: se resiente una parte del proyecto, de la identidad y del futuro. Ahora toca reconstruir, corregir errores y devolver al Aragón al lugar donde debe estar cuanto antes.






