El Real Zaragoza afronta este viernes 1 de mayo, a las 21.00 horas, una nueva final por la permanencia ante el Granada CF en el Ibercaja Estadio. La clasificación no permite maquillaje: el conjunto aragonés llega a la jornada 38 en el puesto 19, con 36 puntos en 37 partidos, mientras que el Granada ocupa la 14ª plaza con 45 puntos. La distancia refleja dos realidades distintas, pero también una oportunidad: el Zaragoza ya no puede especular, y menos aún en casa.
La derrota en El Alcoraz ante la SD Huesca ha dejado al equipo tocado en lo anímico, en lo clasificatorio y también en lo disciplinario. El encuentro terminó de la peor manera posible, con Esteban Andrada y Dani Esmorís Tasende expulsados, en un final caótico que agrava todavía más la situación de David Navarro. La acción de Andrada, ha hecho que no esté disponible para lo que queda de temporada, y Tasende tampoco estará disponible para recibir al Granada ni al Valladolid.
La primera obligación del Zaragoza será recomponerse mentalmente. No se trata solo de cambiar nombres en la alineación, sino de borrar la sensación de descontrol que dejó el duelo aragonés. Ante el Granada, el equipo necesita volver a ser reconocible desde el orden, la concentración y la disciplina. En una situación límite, cualquier protesta, cualquier desconexión o cualquier error emocional puede valer una categoría.
David Navarro tendrá que reconstruir el once con urgencias evidentes. Sin Andrada, la portería queda condicionada; sin Tasende, la defensa pierde una pieza importante; y a todo ello se suman bajas de largo recorrido como Paulino y Radovanovic. El técnico está obligado a encontrar una fórmula competitiva sin pedirle al equipo algo que no puede dar. El Zaragoza no está para partidos abiertos ni para intercambios de golpes. Está para competir desde la seguridad, cerrar espacios, reducir errores y llevar el encuentro vivo hasta el tramo final.
Ahí aparece una de las claves más interesantes: el Zaragoza ha concentrado una parte relevante de sus goles en los últimos diez minutos. Si el partido llega igualado al minuto 80, La Romareda puede jugar un papel decisivo. No se trata de esperar pasivamente, sino de administrar esfuerzos, no romperse antes de tiempo y preparar el encuentro para que los cambios, la energía de la grada y la ansiedad del rival puedan inclinar la balanza.
El factor campo debe ser el principal argumento zaragocista. Aunque la temporada está siendo muy pobre, el equipo ha demostrado en La Romareda que puede ganar a rivales importantes. Las victorias ante el Racing de Santander y el Almería son el espejo al que debe mirar el vestuario: partidos serios, intensos, con portería protegida y mayor eficacia en las áreas. Ese es el camino. No hace falta un Zaragoza brillante; hace falta un Zaragoza fiable.
En ese contexto, jugadores como Mawuli o Rober deben asumir protagonismo. Ha llegado el momento de que los futbolistas de segunda línea den un paso al frente. Mawuli puede aportar energía, despliegue y equilibrio en un centro del campo que necesitará piernas y carácter. Rober, por su parte, ya ha aparecido en momentos importantes y puede ser una pieza útil para atacar espacios, asociarse cerca del área y sostener la esperanza ofensiva de un equipo con poco gol.
La receta ante el Granada debe ser clara: bloque compacto, máxima vigilancia en las pérdidas, laterales prudentes, balón parado trabajado y una presión selectiva, no suicida. El Zaragoza no puede regalar metros a su espalda ni permitir que el Granada se sienta cómodo en campo contrario. Primero debe sobrevivir al nerviosismo inicial; después, crecer desde el estadio modular.
El Granada llega por delante en la tabla, pero también con vulnerabilidades: viene de encajar cuatro goles en su último encuentro, una señal que el Real Zaragoza debe explotar desde la agresividad ofensiva, especialmente cargando el área y forzando situaciones de centro, segunda jugada y balón parado. No es día para adornos. Es día para competir cada despeje como si fuera definitivo.
El viernes no se decidirá solo un partido. Se decidirá si el Real Zaragoza todavía tiene pulso competitivo para agarrarse a la permanencia. La mejor manera de encararlo no es desde el miedo, sino desde la responsabilidad: cabeza fría, corazón caliente y el modular empujando hasta el último minuto.






