Del atentado futbolístico al bochorno total en El Alcoraz

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Lo ocurrido en El Alcoraz dejó mucho más que una derrota del Real Zaragoza. Dejó una sensación de descomposición total, de semana grotesca y de partido imposible de digerir. Esa es, en esencia, la lectura que hace Jorge Marco en Los Deportes junto a Adrián Oiz: un encuentro con demasiadas capas, todas desagradables, y un nuevo capítulo de una temporada que parece empeñada en superarse a sí misma en el desastre.

Marco parte de una idea muy clara: lo vivido en Huesca fue un cúmulo de anomalías. Primero, por el propio partido. Después, por el arbitraje. Y finalmente, por el bochorno extradeportivo del final. “Fue un atentado futbolístico”, resume, antes de ir escalando en gravedad: también hubo “un atentado arbitral” y, por si faltaba algo, “un atentado extrafutbolístico que superó al arbitral y al futbolístico”.

En el plano puramente futbolístico, el análisis de Jorge Marco es contundente con David Navarro. Considera que el técnico se equivocó en el planteamiento inicial y que el rombo no le sentó nada bien al equipo. A su juicio, ese sistema exigía unas piezas que el Zaragoza no tiene. “En ese rombo tú tienes que tener en la base del rombo un jugador muy fiable, un jugador con pierna y Seidu está muy lejos de ser ese jugador”, señala. Tampoco le convenció la disposición de Francho, la falta de profundidad de algún perfil o la elección de ciertos nombres, como la apuesta por Cuenca por delante de Kodro en un contexto de doble punta.

Para Marco, el problema fue doble: a la escasa calidad de la plantilla se le sumó un traje táctico que todavía le quedaba peor. “Creo que el traje que le puso ayer David Navarro al Zaragoza hacía que todavía a ese equipo con carencias le sentara peor”, argumenta. Y añade una crítica más: el técnico no corrigió a tiempo. “Me sorprendió que le mantuvo el traje toda la boda”, ironiza.

Aun así, tampoco salva al Huesca en lo futbolístico. Lo califica como “un equipo horroroso igualmente” y deja claro que, sin la ayuda arbitral, aquello olía a empate a cero de manual. Es decir, no hubo un ganador claro sobre el césped, sino un partido pobre entre dos equipos atenazados, limitados y con un nivel impropio de la trascendencia que tenía el choque.

Por eso, el segundo gran eje de su reflexión es el arbitraje. Jorge Marco insiste en que el Real Zaragoza no está donde está por culpa de los árbitros ni de Tebas. “Zaragoza está ahí porque lleva años haciendo las cosas muy mal a nivel de despachos, a nivel deportivo y a nivel de gestión”, afirma. Pero una cosa no quita la otra. Y para él, en El Alcoraz el colegiado fue determinante.

Su sensación es que Damaso Arcediano arbitró con una predisposición clara a señalar cualquier contacto en el área zaragocista. “Se le veía que estaba loco por la música”, dice, llegando incluso a describir su lenguaje corporal como el de alguien que deseaba pitar esos penaltis. En su opinión, el partido “se explica solo desde el árbitro” y “sin ese árbitro era un partido de 0-0”. No habla desde el victimismo estructural, pero sí desde la convicción de que el Huesca ganó gracias a una actuación arbitral decisiva.

Y cuando parecía que el análisis no podía empeorar, llega el tercer bloque: la tangana final. Ahí Jorge Marco diferencia entre la condena rotunda a la agresión de Esteban Andrada y el contexto que la rodea. No justifica el puñetazo, en absoluto, pero sí cree que no puede entenderse lo sucedido sin tener en cuenta la provocación constante de Pulido, al que define como “un provocador selectivo contra el Zaragoza”.

En su lectura, Andrada es el que cruza la línea roja, el que comete el acto sancionable y repudiable, pero Pulido es quien “encendió la mecha”. No lo plantea para exculpar al argentino, sino para completar el retrato de lo ocurrido. Porque, según su visión, Pulido lleva años construyendo una figura antizaragocista que el domingo quiso explotar una vez más para reconciliarse con su afición. Y esta vez encontró una respuesta inadmisible, pero comprensible desde el contexto emocional del duelo.

Marco también cree que toda la atención mediática sobre el puñetazo corre el riesgo de tapar lo esencial: el arbitraje escandaloso y el mal partido del Zaragoza. “Estamos pasando por alto lo que de verdad es importante por la acción de Esteban Andrada”, lamenta. A su juicio, el foco en la pelea deja en segundo plano tanto la mala imagen del equipo como la sensación de derrumbe institucional y deportivo.

El diagnóstico final es demoledor. Jorge Marco ve al Zaragoza cada vez más cerca del abismo. No porque el descenso sea matemático, sino porque las señales son pésimas. Porque la plantilla no transmite convicción. Porque el efecto David Navarro se ha ido diluyendo. Porque cada semana aparecen incendios nuevos. Y porque la entidad sigue arrastrando los mismos males de fondo: mala planificación, contratos a un año, falta de identidad y una dirección incapaz de construir un proyecto serio.

Un partido que quedará marcado por tres manchas: el pobre nivel futbolístico, el escándalo arbitral y la pelea final. Y, sobre todo, un nuevo síntoma de un Real Zaragoza enfermo, sin estabilidad, sin autoridad y cada vez más cerca de consumar un fracaso que hace no tanto parecía inimaginable.

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