El duelo aragonés acabó manchado por una escena que jamás debió producirse. El tramo final del SD Huesca-Real Zaragoza en El Alcoraz dejó una pelea impropia de dos clubes históricos, con Esteban Andrada como uno de los grandes protagonistas tras su puñetazo en los últimos instantes del encuentro, en una tangana que obligó a intervenir al árbitro y al VAR y que terminó por ensuciar un partido ya de por sí cargado de tensión.
Lo sucedido provocó una rápida reacción institucional de ambas entidades. El Real Zaragoza condenó lo ocurrido con dureza y admitió que el equipo protagonizó “unas imágenes impropias de este deporte y que nunca deberían haberse producido”. El club blanquillo añadió que esos hechos “no representan los valores del Real Zaragoza ni del zaragocismo” y anunció además que analizará lo sucedido con Esteban Andrada para “tomar las medidas disciplinarias pertinentes”. De primeras, el argentino no ha estado presente en el entrenamiento de hoy en la Ciudad Deportiva.
También la SD Huesca emitió un comunicado en el que expresó “su más firme condena” a los hechos del final del partido. El club azulgrana subrayó que “este tipo de comportamientos no tienen cabida en el fútbol” y quiso rebajar la temperatura institucional al aceptar las disculpas del Real Zaragoza, insistiendo en que lo ocurrido “no debe empañar lo que representa este encuentro” entre “los dos principales equipos” del fútbol aragonés.
La escena, especialmente grave por tratarse de un partido de máxima tensión clasificatoria, tuvo además otro elemento relevante: el portero oscense Dani Jiménez también fue expulsado en medio del enfrentamiento. Es decir, no fue un episodio aislado de un solo protagonista, sino una pérdida de control generalizada en la que ambos equipos cruzaron una línea inaceptable con un puñetazo a la nuca, -algo que está prohibido incluso en el boxeo por su peligro-. Precisamente por eso, el mensaje posterior de las entidades fue unánime: condena, arrepentimiento y voluntad de que el episodio no vuelva a repetirse.
El propio Andrada compareció después en un vídeo oficial del Real Zaragoza para pedir perdón de forma pública. El guardameta argentino fue directo: “Estoy muy arrepentido. No es buena imagen para el club ni para un profesional”. Además, quiso dejar claro que asume lo ocurrido y sus consecuencias: “No lo volveré a hacer. Disculpas a Pulido. Asumo las consecuencias”. Fue una declaración breve, algo menos de 60 segundos pero contundente, en la que trató de rebajar el enorme daño causado por su reacción.
Por parte del Huesca también hubo un gesto posterior. Dani Jiménez publicó una historia en Instagram en la que mostraba su arrepentimiento con un mensaje claro: “Quiero mostrar mi arrepentimiento por la imagen ofrecida hoy. La tensión del momento no puede justificar determinados comportamientos”. El portero azulgrana cerró su disculpa con un mensaje dirigido a la afición: “Os pido disculpas, afición. Gracias por vuestro apoyo”.
A las condenas de ambos clubes se unió la Real Federación Aragonesa de Fútbol, que rechazó “rotundamente” lo sucedido y recordó que estas imágenes “no se corresponden con lo que representa el fútbol”. La Federación fue especialmente incisiva en un punto sensible: el papel ejemplar que deben tener Zaragoza y Huesca para los más jóvenes, al tratarse de los referentes del fútbol aragonés. Por eso pidió seguir trabajando para erradicar la violencia en el deporte y reforzar valores como “el respeto y el juego limpio”.
Más allá de la sanción que pueda acarrear la acción de Andrada y de las decisiones disciplinarias que adopten ambos clubes, el episodio deja un daño evidente en la imagen del fútbol aragonés. No solo porque hubo un puñetazo y una pelea, sino porque ocurrió en uno de los partidos más importantes de la temporada para ambos equipos y delante de miles de aficionados, incluidos muchos niños. Nuestro fútbol merecía otra fotografía. Y ahora, tanto Huesca como Zaragoza están obligados a demostrar con hechos que esto fue un error grave, no una deriva.



